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rating: 5 of 5 stars
Una obra que además de estar muy bien escrita, trata una temática profundísima, que trasciende a su tiempo: el conflicto entre la ley divina y la ley de los hombres; en lenguaje más moderno, entre derecho natural y positivo. Claramente, este conflicto puede ponerse también en otros términos: como el de ley y conciencia individual.
(Así, antígona le dice a Creonte en los versos 454 y ss.: “Ni creí que tuvieran tanta fuerza tus pregones como para poder, siendo mortal, sobrepasar las leyes nunca escritas y firmes de los dioses; pues no existen desde hoy ni desde ayer, sino desde siempre, y nadie sabe cuándo aparecieron. Yo no iba, por temor a los razonamientos de ningún varón, a recibir castigo a causa de eso ante los dioses.”).
Además, se trasluce en la obra la dimensión religiosa, espiritual, de la tragedia, que está en sus orígenes, y que los autores clásicos no desechan, sino que llevan a su máxima expresión. Los himnos a Zeus y a Dionisio nos transportan a un ritual que nos es ajeno pero nos atrae fuertemente.
Lógicamente, termina de una forma bastante tradicional y muy griega: “No hay que ser impío en lo que hace a los dioses; pues la grandilocuencia de los soberbios, a costa de grandes golpes, en la vejez enseña a razonar”.
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Muy buen comentario. Precisamente, para los poetas trágicos, la Dike era un elemento reorganizador del mundo y por otra parte, tanto en Esquilo como en Sófocles, sus obras dejan traslucir su pensamiento político que es atingente a la tierra ática de ese momento.