Antígona

Antigona Antigona by Sophocles


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rating: 5 of 5 stars
Una obra que además de estar muy bien escrita, trata una temática profundísima, que trasciende a su tiempo: el conflicto entre la ley divina y la ley de los hombres; en lenguaje más moderno, entre derecho natural y positivo. Claramente, este conflicto puede ponerse también en otros términos: como el de ley y conciencia individual.

(Así, antígona le dice a Creonte en los versos 454 y ss.: “Ni creí que tuvieran tanta fuerza tus pregones como para poder, siendo mortal, sobrepasar las leyes nunca escritas y firmes de los dioses; pues no existen desde hoy ni desde ayer, sino desde siempre, y nadie sabe cuándo aparecieron. Yo no iba, por temor a los razonamientos de ningún varón, a recibir castigo a causa de eso ante los dioses.”).

Además, se trasluce en la obra la dimensión religiosa, espiritual, de la tragedia, que está en sus orígenes, y que los autores clásicos no desechan, sino que llevan a su máxima expresión. Los himnos a Zeus y a Dionisio nos transportan a un ritual que nos es ajeno pero nos atrae fuertemente.

Lógicamente, termina de una forma bastante tradicional y muy griega: “No hay que ser impío en lo que hace a los dioses; pues la grandilocuencia de los soberbios, a costa de grandes golpes, en la vejez enseña a razonar”.

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Sobre el maltrato animal…

Los invito a leer un interesante artículo de mi amiga Lorena:

El Alma en la Pluma Virtual – Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales (Mahatma Gandhi)

Trata sobre el terrible  hallazgo efectuado en la “Sociedad Protectora de Animales”, que resultó ser lo más opuesta posible a su nombre. Las imágenes hablan por si solas:

“Una historia de amor y oscuridad” (3)

Concluyo con este fragmento la serie de entradas dedicadas a este libro, al menos por ahora:

Detrás de los cipreses, detrás de la tapia de los Lemberg, han encendido de pronto la luz y desde aquí, desde esta posición, no se ve bien quien está la habitación, la  señora Lemberg, Shula o Eva, quien encendió la luz, pero se ve la corriente amarilla derramarse hacia fuera como un flujo de pegamento tan espeso que le cuesta derramarse, que le cuesta moverse de lo espeso que es, que con gran dificultad traza un camino perezoso, un camino de líquido viscoso, amarillo, turbio y lento que avanza como un denso lubricante a través de la tarde, azul grisácea ya, y al que el viento lame por un instante. Y cincuenta y cinco años después, sentado y escribiendo acerca de aquella tarde el cuaderno, en la mesa del jardín de Arad, vuelve exactamente el mismo viento y de la ventana de los vecinos también aquí, esta tarde, sale un líquido amarillento de corriente eléctrica, espesa y perezosa como un viscoso lubricante conocido, conocido desde hace tiempo, parece que no hay sorpresas. Pero sí las hay. La tarde de la piedra en la boca en el patio de Jerusalén no ha venido a Arad para hacer recordar lo olvidado o para traer la emoción de la nostalgia, sino todo lo contrario: aquella tarde ha descendido para atacar a ésta. Es como una mujer que conociste hace tiempo, que ya no te hace ni fu ni fa, que siempre que os encontráis te dice más o menos lo mismo y que siempre te regala una sonrisa o como mucho te da las habituales palmaditas en el pecho, pero en esta ocasión, sorprendentemente, no, esta vez no, de repente alarga el brazo y te toca y te agarra de la camisa no de una forma delicada sino con las uñas con deseo y desesperación con los ojos cerrados con fuerza con un gesto como de dolor en la cara insiste no puede evitarlo no cede y ya no le importas y le da igual lo que te pase, si quieres o no quieres no le importa ahora no puede evitarlo ahora no puede más ahora alarga el brazo y su mano se clava en ti como un arpón de pescar y comienza a tirar y tira y te desgarra pero no es ella la que comienza a tirar ella sólo te clava las uñas y tú eres quien tira y escribe tira y escribe como un delfín que tiene la punta del arpón clavada en la carne y tira con todas sus fuerzas para escapar y tira y arrastra con fuerza el arpón y arrastra también el reflector unido a la cuerda y arrastra también la barca de sus perseguidores a la que reflector está atornillado, tira y avanza, tira para escapar, tira y se revuelve en el agua, tira y se sumerge en las negras profundidades, tira y escribe y sigue tirando, si tira una sola vez más con toda la fuerza de su desesperación puede que se libere de lo que tienen clavado en la carne de lo que te desgarra y te traspasa y no cede, tiras y eso te desgarra la carne, tiras otra vez y eso se clava más y más nunca podrá pagar con el mismo dolor a ese infortunio que va hundiéndose e hiriendo pues él es quien atrapa y tú el atrapado él es el arponero y tú el delfín que él es quien da y tú quien toma él es aquella tarde en Jerusalén y tú estás en la tarde de ahora en Arad. Él es tus padres muertos tú tiras y escribes.

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"Una historia de amor y oscuridad" (2)

Continuando lo iniciado aquí, ofrezco otro fragmento de esta obra: un relato que aparece en boca de la “tía Sonia”, hermana de la mare de Amós. Se refiere a su juventud en Rovno, Polonia; al antisemitismo y el ambiente que se vivía en la Europa de antes de Hitler; al anhelo judío de la Tierra Prometida; a los sueños rotos…

 

El miedo que reinaba en todas las casas judías, el miedo del que casi nunca se hablaba pero que nos habían metido en el cuerpo como un veneno, gota a gota, era el miedo terrible a no ser realmente personas lo bastante limpias, a que de verdad fuéramos demasiado molestos y engreídos, demasiado astutos y avaros. A lo mejor era cierto que nuestros buenos modales desentonaban. Había un miedo mortal, el miedo de causarles mala impresión a los gentiles y que entonces se enfadasen y nos volvieran a hacer cosas terribles en las que era mejor ni pensar.

Mil veces les repetían a los niños judíos que se comportaran bien con ellos, con educación, aunque fuesen groseros o estuviesen borrachos, que de ninguna manera les hiciesen enfadar, no había que discutir ni regatear con un gentil bajo ningún concepto, que estaba prohibido irritarles, mostrarse altivos, que siempre había que hablarles en voz baja y sonriendo, para que no dijeran que éramos escandalosos, y hablar siempre en un polaco correcto, para que no dijeran que corrompíamos su lengua, pero que tampoco había que hablar polaco muy culto, para que no dijeran que queríamos llegar demasiado lejos, para que no dijeran que éramos ambiciosos y para que de ningún modo dijeran que teníamos manchas en la ropa. En resumen, que debíamos hacer todo lo posible por causarles una buena impresión, porque bastaba con que un niño, uno sólo, no se lavase bien la cabeza y tuviese piojos, para crearle mala fama a todo el pueblo judío. Ni siquiera así nos soportaban, así que estaba completamente prohibido darles más motivos para no soportarnos.

Vosotros, los que habéis nacido aquí [en Eretz Israel], jamás podréis comprender como ese goteo va poco a poco distorsionando los sentimientos, como una herrumbre inexorable que fuera comiéndose poco a poco tu humanidad, convirtiéndote en un hipócrita, un mentiroso y un pícaro, igual que un gato. A mí no me gustan mucho los gatos. Los perros tampoco. Pero si tengo que elegir, prefiero a los perros. Los perros son como los gentiles, enseguida ves lo que piensan y lo que sienten. El judío de la diáspora era un gato, en el peor sentido, ¿entiendes a lo que me refiero?

Pero lo que más miedo daba era la chusma. Lo que podía pasar entre un gobierno y otro, por ejemplo, si los polacos era expulsados y los comunistas ocupaban su lugar: se temía que en ese intervalo volvieran a aparecer las bandas de ucranianos o de bielorrusos o la muchedumbre polaca instigada o, más al norte, los lituanos. Era un volcán en constante y lenta erupción y siempre olía a humo. “En la oscuridad afilan los cuchillos”, se decía sin precisar quién, pues podían ser tanto los unos como los otros. La muchedumbre. También aquí, en Eretz Israel, se ha podido apreciar que la muchedumbre judía puede ser un monstruo.

A los únicos que no temíamos mucho era a los alemanes. Recuerdo que en el 34 o el 35 yo era la única de la familia que seguía en Rovno, para terminar mis estudios de enfermería, en el 35 aún había bastantes entre nosotros que esperaban que legase Hitler, decían que con él al menos habría leyes y disciplina, y cada uno sabrían donde estaba su sitio, que no importaba mucho lo que Hitler dijera, lo importante era que allí, en Alemania, había impuesto un orden alemán ejemplar y que la chusma temblaba ante él. Lo importante era que con Hitler al menos no habría tumultos callejeros y anarquía; entre nosotros aún se pensaba entonces que la anarquía era la peor situación posible: la mayor pesadilla era que los sacerdotes comenzaran un día a instigar en las iglesias diciendo que la sangre de Jesús volvería a ser derramada por culpa de los judíos y comenzasen a replicar sus pavorosas campanas, y los campesinos los escucharan, se llenaran la barriga de aguardiente, cogieran las hachas y las horcas y empezara todo.

Nadie imaginaba lo que realmente iba a suceder, pero en los años veinte casi todo el mundo sabía que los judíos no tenían futuro ni con Stalin, ni en Polonia ni en ningún lugar de Europa del Este y, por tanto, fue tomando fuerza la idea de marchar en dirección a Eretz Israel. Por supuesto, no todos pensaban así, los ultraortodoxos se oponían tajantemente, y los bundistas, los yiddishtas, los comunistas y los asimilados, que se consideraban más polacos que Pederevsky y Moycechovsky, pero muchas personas normales de Rovno en los años veinte se preocuban de que sus hijos estudiaran hebreo y fueran al instituto Tarbut. Los que tenían dinero mandaban a sus hijos a estudiar a Haifa, a la Universidad Politécnica, o al instituto de Tel Aviv, o a las escuelas agrícolas, y los ecos que nos llegaban de vuelta de Eretz Israel eran sencillamente maravillosos: los jóvenes sólo esperábamos que nos llegara el turno. Mientras tanto, todos leíamos periódicos en hebreo, discutíamos, cantábamos canciones de Eretz Israel, recitábamos poemas de Bialik y Tchernijovsky, nos dividíamos en montones de partidos y grupos, confeccionábamos uniformes y banderas, había una gran pasión por todo lo nacional. Se parecía mucho a lo que ocurre hoy con los Palestinos, pero sin el derramamiento de sangre que ellos provocan. En el pueblo judío hoy apenas se aprecia un espíritu nacional así.

Por supuesto, conocíamos las duras condiciones de vida en Eretz Israel: sabíamos que hacía mucho calor, que había desierto y pantanos, que faltaba trabajo, y sabíamos que había árabes pobres en los pueblos, pero veíamos en el gran mapa que colgaba en la pared de la clase que los árabes no eran muchos, habría entonces aproximadamente medio millón, con seguridad menos de un millón, y existía la total certeza de que había sitio para unos cuantos millones de judíos más, y que a los árabes tal vez se les instigaría contra nosotros, como al pueblo llano de Polonia, pero podríamos explicarles y convencerles de que de nosotros sólo obtendrían beneficios, beneficios económicos, sanitarios, culturales y otros muchos. Creíamos que pronto, en unos pocos años, los judíos serían mayoría en Eretz Israel y entonces le mostraríamos al mundo entero una conducta ejemplar con la minoría árabe: nosotros, que siempre habíamos sido una minoría oprimida, nos comportaríamos con la minoría árabe con honestidad y justicia, con generosidad, participaríamos con ellos en la construcción de la patria, compartiríamos todo con ellos y de ningún modo los convertiríamos en gatos. Era un bonito sueño.

Oz, Amos, 1939- .   Una historia de amor y tiniebla /.  Madrid : : Eds. Siruela,, 2004..[traducción del hebreo de Raquel García Lozano.]  pp 239-241

Un poco de humor "en dosis diarias"

Hace poco descubrí una página, www.dosisdiarias.com, del dibujante Alberto Montt. En este sitio, él publica periódicamente chistes gráficos, algunos de los cuales me han hecho reír bastante. Adjunto aquí algunos, pero realmente les aconsejo entrar al sitio, porque hay cientos:

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"Una historia de amor y oscuridad"

amosozEstoy leyendo hace bastante tiempo este libro de Amós Oz (que fue candidato al premio Nobel de literatura). Es un relato autobiográfico, principalmente centrado en la infancia y juventud del autor; mas el relato no queda limitado a esto: en boca de varios personajes, mira hacia atrás, hacia el pasado tanto de la familia paterna como la materna de Oz, que se desarrolló en la Europa de fines del siglo XIX, principios del XX. Se configura entonces un relato amplísimo, en el que queda reflejado las aspiraciones y circunstancias de vida de los judíos de la diáspora, las persecuciones sufridas, los anhelos de una vida mejor en la Tierra Prometida, la concreción de este sueño y  el desengaño, al ver el choque entre la utopía y la realidad.

No me gustaría que pensaran que todo el libro se desenvuelve en torno a temáticas políticas o que es un simple panfleto: de hecho, los acontecimientos políticos se narran simplemente como telón de fondo, pero a mi no pueden dejar de llamarme la atención. En otra entrada pondré algunos pasajes de temática más literaria, pero ahora los dejo con un pequeño fragmento más bien histórico, especialmente para que lean el último párrafo, ya que habla un poco sobre la Eurabia  de hoy:

Mi padre y sus padres se dirigieron finalmente a Jerusalén: el hermano de mi padre, el tío David, su mujer Malka y su hijo Daniel, que había nacido un año y medio antes, se quedaron en Vilma: mi tío David, a pesar de ser judío, consiguió muy joven el puesto de profesor de literatura en la Universidad de Vilna. Era un europeo convencido en una época en que nadie en Europa era europeo, salvo los miembros de mi familia y otros judíos semejantes a ellos. Los demás eran paneslavistas, pangermanistas, o simplemente patriotas lituanos, búlgaros, irlandeses o eslovacos. Los únicos europeos de toda Europa en los años veinte y treinta eran los judíos.(…)

El tío David era un eurófilo evidente y convencido, especialista en literatura comparada, en literaturas europeas que eran su patria espiritual. No entendía por qué tenía que renunciar a su puesto y emigrar al Asia oriental, un lugar extraño y desconocido para él, sólo para cumplir los deseos de unos antisemitas ignorantes y de unos bandidos nacionalistas sin cerebro. Por lo tanto, se quedó en su cargo, con el fin de servir al progreso de la cultura, el arte y el humanismo que no tiene límite, hasta que los nazis llegaron a Vilna: los judíos, los intelectuales, los cosmopolitas y los amantes de la cultura no eran de su agrado, y por eso asesinaron a David, a Malka y a mi pequeño primo Daniel (..)

Hoy Europa ha cambiado completamente, hoy está llena de europeos de pared a pared. Por cierto, también las cosas que se escriben en las paredes europeas han cambiado radicalmente de forma: cuando mi padre era joven y vivía en Vilna, en todas las paredes de Europa ponía: “Judíos, marchaos a Palestina”. Hace unos cincuenta años, cuando mi padre volvió a visitar Europa, las paredes le gritaron: “Judíos, marchaos de Palestina”.

 Oz, Amos, 1939- .   Una historia de amor y tiniebla /.  Madrid : : Eds. Siruela,, 2004..[traducción del hebreo de Raquel García Lozano.]  pp 88-89

Estrenan Youtube islámico

   Recientemente, “Grupos Musulmanes” lanzó MuslimChannels.tv.

La iniciativa surgió a causa de la dificultad que tienen los musulmanes para tener ac­ceso a la fundación de canales de televisión en EEUU, no por motivos económicos, sino de­bido a las “temerosas políticas y monopolio de los medios”, según MuslimChannels.tv. (1)

   Sí, es que como todos sabemos, la cultura musulmana siempre es menospreciada, mientras que los occidentales están orgullosos de su historia, religión y tradiciones (el problema en este caso parece ser que en EEUU hay demasiados canales cristianos dando vueltas).

   Se han preocupado de dejar bien en claro algunas cosas:

“sexual” content or “Hate” videos will be permitted, “finally combining education, clean entertainment, and broader news perspectives, all in one place.”  (2)

   Claro, es que es la religión de la paz, esperaban otra cosa… No sé cómo se las van a arreglar entonces para pasar el programa del conejo que quiere matar a los judíos. Por lo menos ahí las mujeres musulmanas no se van a sacar la ropa.