Sobre los milagros que se le piden a la educación y el objetivo de la instrucción pública

   En un Estado popular no basta la vigencia de las leyes ni el brazo del príncipe siempre levantado; se necesita un resorte más, que es la virtud. (Montesquieu)

   Se habla hasta el cansancio de lo mala que es la educación, sin embargo, nadie se detiene a pensar mucho ¿por qué es mala?… Me explico: Cuando se habla de que la educación en Chile está muy mal, se hace en base a pruebas que miden ciertos conocimientos como el SIMCE y, más falazmente (como explicaré), refiriéndose a la mala distribución del ingreso.

   Se le imponen  así  a la educación, dos deberes titánicos: transformar a las personas en sabelotodos, y terminar con las diferencias sociales. Imposibles, al fin y al cabo:

   El primero, porque no todos estan hechos para las labores intelectuales, para entenderlo todo: las inteligencias se distribuyen según la curva de Gauss. Además, porque quizás alguien tiene talento para las letras pero no para las ciencias, como ya decíamos aquí. Las conductas de entrada no son las mismas, el resultado no puede ser el mismo.

   El segundo, porque ese es un problema anterior y en cierta medida independiente al de la educación: en una sociedad de profesionales, termina ganando más el técnico, no hay una relación tan necesaria entonces entre acumulación de títulos y sueldo. El problema de distribución del ingreso en Chile es el menosprecio del trabajo ajeno, lo poco valorado que son labores fundamentales para el funcionamiento de la sociedad (un pequeño ejemplo los profesores: sería un absurdo hablar de educación si no hubiese profesores, sin embargo no hay valoración de su tarbajo); el clasismo y la segregación, que se refleja hasta en la distribución espacial de nuestra ciudad, con barrios donde naces y mueres pobre. Un país que todavía cree que el pobre lo es por ser flojo. Que por lo tanto está plagado del sentimiento de asemejarse a los que tienen más (aspiración que al final es absurda, porque los que tienen más encuentran la forma de no integrar a los otros: el apellido, el color de piel, etc). El problema de desigualdad entonces es un problema de que los ricos no ceden lo que tienen. Es un problema económico. Es un  problema de valores. Es un problema de actitudes. No de cuantos abogados, ingenieros o periodistas se titulan al año, y el que cree que esa es una solución definitiva se engaña. Por lo demás, es factible ganar dinero siendo ignorante.

   Por lo tanto, es legítimo hacerse la pregunta: ¿Para que sirve la educación pública? ¿Por qué existe? Si fuera simplemente para que los individuos tengan tal o cual título y ganen más, la educación no se pondría en manos del Estado: sería parte de los negocios de cada cual. Pero no es así: el Estado la garantiza, la financia y la promueve. Y lo hace basandose en las ideas Ilustradas. Como la de Montesquieu, que dice:

« En el régimen republicano es en el que se necesita de toda la eficacia de la educación. El temor en los gobiernos despóticos nace espontáneamente de las amenazas y los castigos; el honor en las monarquías lo favorecen las pasiones, que son a su vez por él favorecidas; pero la virtud política es la abnegación, el desinterés, lo más difícil que hay.

»Se puede definir esta virtud diciendo que es el amor a la patria y a las leyes. Este amor, prefiriendo siempre el bien público al bien propio, engendra todas las virtudes particulares, que consisten en aquella preferencia.

»Y es un amor que sólo existe de veras en las democracias, donde todo ciudadano tiene parte en la gobernación. Ahora bien, la forma de gobierno es como todas las cosas de este mundo: para conservarla es menester amarla.

»Jamás se ha oído decir que los reyes no amen la monarquía ni que los déspotas odien el despotismo. Así los pueblos deben amar la República; a inspirarles este amor debe la educación encaminarse. El medio más seguro de que sientan este amor los niños es que lo tengan sus padres. »[1]

  Por lo tanto, el fin primero de la educación pública es formar buenos ciudadanos, gente que encarne los valores de la República y que ponga a la comunidad antes que a sí mismo. Esto queda claro en sistemas como el estadounidense, que transmite ante todo un gran amor a la Patria y sus valores. Queda como pregunta abierta si nosotros tenemos o no una identidad de ese tipo que se pueda transmitir, pero siempre hay valores que la educación puede inculcar, y que son mucho más fundamentales para el crecimiento de la nación que los meros conocimientos: el amor a la libertad, la tolerancia, el respeto, la responsabilidad social, la justicia, la verdad. Si nuestra educación está fracasada, entonces, no es sólo porque nuestras universidades no figuren en los rankings internacionales, sino mas bien, a causa del poco compromiso que la gente tiene con la sociedad, de la falta de solidaridad, del clasismo imperante, de la irresponsabilidad y flojera que se multiplica por doquier, de la falta de disciplina, todo resumido en una falta de identidad nacional.   Que la educación pueda servir como harramienta de ascenso social es algo quizás indiscutible: pero también puede servir para que no haya gente arriba y gente abajo. Puede servir para transformar la sociedad.

   No es una cuestión de cuantos entran  a la Universidad, cuántos salen abogados o médicos (porque ponerlo en esos términos es engañarse, es obligarse a pensar cuantos no salen médicos y considerarlo un fracaso). La cuestión es que clase de personas se forman. Y eso no lo está midiendo ni el SIMCE ni la PSU. No le importa a nadie.

   A donde quiere llegar todo este post… quizás a detenerse un poco sobre los argumentos que se vierten cuando se habla de educación. A detenerse a pensar un poco que sin importar que pase, en la sociedad siempre alguien va a terminar sirviendo a otros, haciendo tareas simples. Lo dijo Joaquín Larraín Gandarillas, en una cita que encontré mientras investigaba sobre el tema:

“¿Qué gana el país con que los hijos de campesinos y de los artesanos abandonen la condición en que los ha colocado la Providencia para convertirlos las más de las veces en ociosos pedantes que se avergüenzan de sus padres, que aborrecen su honesto trabajo y que, colocados en una posición falsa, terminan por aborrecer la sociedad? Buena, excelente cosa es la instrucción del pueblo; pero cada cosa ha de estar en su lugar. Chile no necesita sólo ingenieros y literatos, sino también, y mucho más, de numerosos y robustos brazos que exploten su agricultura y su industria, que están en la infancia.”[2]Obviamente, habiendo sido educado en Chile del siglo XXI, esta opinión me suena elitista, pero no se puede negar que al menos el problema que plantea es cierto: un país no vive solo de ingenieros. Alguien termina haciendo las otras labores (hoy en Europa son los inmigrantres, p.e.). En lugar de mostrar como único camino ser profesional, la sociedad tiene que buscar una diversificación en la educación terciaria. Que la gente pueda desempeñar distintas labores y que esto se le reconozca y remunere de forma adecuada. Se vincula esto con el post de Netoli sobre los PETs: ahí se da el trabajo de mostrar como este afán “profesionalizador” se ha transformado en un negocio, más que en una empresa razonable; y que al final es un engaño.   Es absurdo entonces juzgar a la educación por el número de profesionales, o por la PSU. La educación debe juzgarse en primer lugar por el tipo de gente que forma, por la sociedad que moldea; por los juicios, valores y actitudes que transmite.

Fuentes:

[1] El Espíritu de las Leyes, Montesquieu, Libro IV

[2] El Estado y el Instituto Pedagógico

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Una respuesta

  1. Se hace tan necesario y tan urgente discutir estos temas. Ha llegado el momento de una vez dar el sitio fundamental que tiene la educación. La importancia que ésta reviste ya de alguna forma ha sido planteada en este post,magnífico en el sentido que nos invita a reflexionar y también a pronunciarnos acerca del concepto de ciudadano. La educación no puede solo responder a asuntos técnicos, toda vez ya se le ha investido de cifras y descuidado totalmente la parte humana. Confórmese en su mediocridad el Estado acerca de los objetivos transversales que según ellos apuntan a lograr tales valores en el seno de la sociedad, pero yo mepregunto si éstos son suficientes o si, en cambio, cada día aumentamos más la brecha entre clase y clase.
    Muy buen post.

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