"La hegemonía intelectual de la izquierda progresista"

Es el título de uno de los artículos del pensador inglés Roger Scruton. Les recomiendo su lectura (es un tema digno de análisis). Lo saqué de aquí.

Copio una parte:

La hegemonía, en el mundo de la cultura, sigue en manos de una izquierda intelectual y progresista. Su influjo se extiende incluso a buena parte del clero. ¿Cómo explicar este fenómeno? ¿Qué define el pensamiento del progresismo de izquierda?

Por cierto, etiquetas como “izquierda” y “derecha” no son muy precisas y su interpretación siempre depende del contexto. Es particularmente difícil ver qué es lo que significan en Estados Unidos, donde la persona que nosotros aquí en Gran Bretaña describiríamos como “izquierdista”, normalmente es llamada “liberal”. No obstante, puedo trazar un rápido esbozo de lo que entiendo por ideas de “izquierda”, que bastará para identificar la mentalidad que ellas expresan:

  • Una creencia fundamental en la igualdad humana, acompañada de una hostilidad a toda distinción, ya sea de clase, raza o género.
  • Desconfianza del “poder” y falta de convicción en que el poder que nos rodea pueda ser legítimo, aun cuando esté en manos de otros y no en las propias.
  • Hostilidad hacia todo lo que confiere poder, especialmente hacia las empresas, los negocios y el mercado.
  • Un enfoque “crítico” de la sociedad donde “el poder” y el “conflicto” se perciben y se desenmascaran en todas partes.
  • Identificación paradójica con los enemigos externos del poder, especialmente con aquellos Estados que representan una amenaza a la seguridad de las naciones occidentales.
  • Disposición a creer en la buena fe de aquellos que hablan el idioma de la “liberación” y la “lucha”.
  • Sentimiento de culpabilidad por su país y por su pasado -la actitud descrita en Norteamérica como la “postración liberal”, que es una especie de vergüenza de sus propios antepasados, por haber creído en su propia superioridad y por haberse hecho superiores gracias a esa fe.
  • Antipatriotismo, por lo general acompañado de una burla de los sentimientos patrióticos, o una guerra abierta contra estos sentimientos por considerarlos formas de “militarismo”.

Esas ideas y actitudes forman un nexo coherente y exigen una sola explicación, una explicación de por qué el “intelectual pensante” tiende a repudiar ese mismo orden social que le brinda tiempo libre para pensar, para enseñar y para incitar al cambio. No es necesario tomar partido en el conflicto ideológico subyacente para darse cuenta de que dicha explicación debe darse pronto. En los días del maccartismo, no era de extrañar que las universidades, los colegios y las publicaciones tendieran a manifestar los mismos temores y fanatismos del mundo que los rodeaba; esto no requiere de ninguna explicación en especial. Pero cuando en el mundo intelectual surge un consenso de izquierda aparentemente inamovible, en el preciso momento en que la mayoría de la gente está dándole la espalda a las formas de pensar izquierdistas, nos enfrentamos a un hecho interesante y en ciertos sentidos sorprendente. Por primera vez en nuestra historia descubrimos una hegemonía intelectual de la izquierda progresista a escala completa, en el preciso momento en que el tan buscado apoyo del electorado de izquierda -el proletariado industrial- ha terminado por desaparecer, no sólo del mundo real sino de la imaginación popular también.

Más adelante dice:

Se repudia el lenguaje mismo de la literatura tradicional, debido a sus supuestos “patriarcales” o “autoritarios”, y los textos no se estudian tanto por lo que dicen como por lo que está implícito en el hecho de decirlo. La comprensión y la afinidad dan paso a lo que Paul Ricoeur ha llamado la “hermenéutica de la sospecha”: la persecución obsesiva del “poder” y la “opresión” que se ocultan en el discurso tradicional. Como resultado de estas dos prácticas, las humanidades quedan abiertas a una absoluta politización, y la intelectualidad de la izquierda progresista controla el currículum, el método y la ideología de estudio.

   Lamentablemente, la educación está totalmente politizada (aunque quizás es imposible que esto no sea así). Pero otra cosa es no reconocerlo.

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4 comentarios

  1. La izquierda no tiene legitimidad intelectual ni moral alguna.
    Carga con un fracaso en cada pais donde se ha impuesto, llevándolos a muchos de ellos a la pobreza unida a la restricción de libertades y abusos reales de derechos humanos (no denunciados por las organizaciones que dicen representar estos derechos) y cargan con 100 millones de muertes violentas a su haber en 80 años.
    Sólo la propaganda y el control de los medios de comunicación permiten que algunos hablen, cosa absurda, de la superioridad moral e intelectual de los izquierdistas socialistas. Una aberración histórica.

  2. Excelente descripción. Yo me siento así con respecto a la educación pública (argentina), tanto la escolar como la universitaria. El año pasado, en un libro de historia de sexto o séptimo grado, para el capítulo referido a las antiguas civilizaciones griega y romana, encuentro el siguiente encabezado:
    “Los grandes imperios esclavistas de la antigüedad”

    Vean, nomás, a qué punto llega la hegemonía intelectual de los que desconfían de toda forma de poder.

  3. Recién el año pasado terminé de desilusionarme del último partido político que respetaba en mi país: el Partido Socialista.
    Razones: *pactos políticos con “enemigos naturales”
    *los escandaletes de las feministas que participaron el año pasado del último ENM (Encuentro Nacional de Mujeres). No fui, pero tengo fuentes cercanas… e ideológicamente diversas. La policía se encargó de reprimir a un católico que se robó una bandera, pero nadie hizo nada nunca por defender la Catedral de Córdoba (provincia en que se realizó el encuentro), asediada por estas personas con cantitos del estilo “Iglesia genocida, vos sos la oligarquía”.
    Creo que, igual, las paredes se salvaron de las pintadas, a fuerza de que los laicos que la defendían soportaran el asedio (por asedio entiéndase insultos, escupitajos…)
    Es necesario aclarar que las católicas “infiltradas” (? no podía ir cualquiera) en el encuentro también hicieron lo suyo por armar líos, para no terminar contando las cosas parcialmente, al mejor estilo feminista.
    Aprendí que esas reuniones no eran más que vacío y agresión con excusas nobles. Y algún interés económico.

  4. el emoticón fue sin querer

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