“Una historia de amor y oscuridad” (3)

Concluyo con este fragmento la serie de entradas dedicadas a este libro, al menos por ahora:

Detrás de los cipreses, detrás de la tapia de los Lemberg, han encendido de pronto la luz y desde aquí, desde esta posición, no se ve bien quien está la habitación, la  señora Lemberg, Shula o Eva, quien encendió la luz, pero se ve la corriente amarilla derramarse hacia fuera como un flujo de pegamento tan espeso que le cuesta derramarse, que le cuesta moverse de lo espeso que es, que con gran dificultad traza un camino perezoso, un camino de líquido viscoso, amarillo, turbio y lento que avanza como un denso lubricante a través de la tarde, azul grisácea ya, y al que el viento lame por un instante. Y cincuenta y cinco años después, sentado y escribiendo acerca de aquella tarde el cuaderno, en la mesa del jardín de Arad, vuelve exactamente el mismo viento y de la ventana de los vecinos también aquí, esta tarde, sale un líquido amarillento de corriente eléctrica, espesa y perezosa como un viscoso lubricante conocido, conocido desde hace tiempo, parece que no hay sorpresas. Pero sí las hay. La tarde de la piedra en la boca en el patio de Jerusalén no ha venido a Arad para hacer recordar lo olvidado o para traer la emoción de la nostalgia, sino todo lo contrario: aquella tarde ha descendido para atacar a ésta. Es como una mujer que conociste hace tiempo, que ya no te hace ni fu ni fa, que siempre que os encontráis te dice más o menos lo mismo y que siempre te regala una sonrisa o como mucho te da las habituales palmaditas en el pecho, pero en esta ocasión, sorprendentemente, no, esta vez no, de repente alarga el brazo y te toca y te agarra de la camisa no de una forma delicada sino con las uñas con deseo y desesperación con los ojos cerrados con fuerza con un gesto como de dolor en la cara insiste no puede evitarlo no cede y ya no le importas y le da igual lo que te pase, si quieres o no quieres no le importa ahora no puede evitarlo ahora no puede más ahora alarga el brazo y su mano se clava en ti como un arpón de pescar y comienza a tirar y tira y te desgarra pero no es ella la que comienza a tirar ella sólo te clava las uñas y tú eres quien tira y escribe tira y escribe como un delfín que tiene la punta del arpón clavada en la carne y tira con todas sus fuerzas para escapar y tira y arrastra con fuerza el arpón y arrastra también el reflector unido a la cuerda y arrastra también la barca de sus perseguidores a la que reflector está atornillado, tira y avanza, tira para escapar, tira y se revuelve en el agua, tira y se sumerge en las negras profundidades, tira y escribe y sigue tirando, si tira una sola vez más con toda la fuerza de su desesperación puede que se libere de lo que tienen clavado en la carne de lo que te desgarra y te traspasa y no cede, tiras y eso te desgarra la carne, tiras otra vez y eso se clava más y más nunca podrá pagar con el mismo dolor a ese infortunio que va hundiéndose e hiriendo pues él es quien atrapa y tú el atrapado él es el arponero y tú el delfín que él es quien da y tú quien toma él es aquella tarde en Jerusalén y tú estás en la tarde de ahora en Arad. Él es tus padres muertos tú tiras y escribes.

Oz, Amos, 1939- .   Una historia de amor y tiniebla /.  Madrid : : Eds. Siruela,, 2004..[traducción del hebreo de Raquel García Lozano.]  pp 305

Entradas anteriores:

“Una historia de amor y oscuridad”

“Una historia de amor y oscuridad” (2)

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Una respuesta

  1. Qué maravilloso poder transmitir estas emociones que sólo habitan en el silencio. A través de las palabras podemos hacerlas palpables y verosímiles, sólo ellas nos cuentan de esta terrible realidad.
    Agradezco la posibilidad que nos das de acceder a este increíble libro. El sólo hecho de comunicarlo, ya nos hace grandes. Saludos.

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