Debate en la televisión iraquí: ¿La Tierra es plana?

No, no es una broma. Ya lo publicaba AMDG hace varias semanas: un debate en Al-Fayhaa TV (Irak) traducido gentilmente por alguien del árabe al inglés, donde se discute si la tierra es plana o esférica. La noticia no es nueva, pero no por eso deja de impresionar, así que mejor publicarla ahora que nunca. El vídeo es éste:

 

 

Lo más triste es que esto significa un retroceso de miles de años: cómo es posible que haya gente dispuesta a defender que la Tierra es plana (yo creo que ni los creacionistas defenderían algo así… pero aunque alguien estuviera lo suficientemente mal como para plantear esto, no creo que un canal de televisión occidental se lo tomara en serio… No sé que pensar de la TV mahometana: parto suponiendo lo peor después de ver su programación infantil).

Al contrario de lo que la gente piensa, en la Edad Media no se creía que la Tierra fuese plana (o por lo menos no era la opinión científica) ya que hasta el diámetro de la Tierra ya había sido calculado por Eratóstenes en el siglo II a.C. El retroceso que significa plantear cosas así es de gran calibre, y ciertamente representa un ataque a lo más básico de la ciencia.

En el video se pueden escuchar sentencias clásicas como “en el Corán sale esto y la ciencia humana dice esto. El Corán no puede equivocarse porque es la palabra eterna de Dios (y ojo, tampoco puede mal interpretarse… o ser metafórico), ergo, la ciencia debe ser una mentira”. Signo del desprecio que este sabio musulmán siente hacia la razón son sus argumentos sinceramente absurdos e irrisibles, como que la ciencia “aun no ha podido explicar bien como funciona la visión”.

(Señor no-se-quién:

En Occidente sabemos hace mucho tiempo como funciona la Visión. De hecho, probablemente en Occidente creamos las gafas para corregir sus defectos, (quizás Mahoma ya lo había hecho pero no quiso contarnos) y en los últimos años esa ciencia que Usted tanto desprecia ha creado cristalinos artificiales y operaciones con láser  para el ojo. Yo creo que el único ignorante de la visión -y de TODO- es Ud.)

El video no lo pongo sólo por el Islam y los musulmanes extremistas (que musulmanes que no creen esto debe haber, por mucho que el Islam sea un disparate), sino para que el lector vea hasta donde puede llegar la ignorancia y la irracionalidad. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

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Cuando los “laicistas” se transforman en censuradores: ahora es el turno del Papa

benedicto_xvi.jpgQue la supuesta cultura “laica” de Europa es un fraude, y que la censura contra cualquiera que se manifieste contra el Islam o a favor del cristianismo es cada vez más fuerte, son cosas que ya no nos sorprenden (Más censura en la blogosfera y fuera de ella)

   Pero ahora han vuelto a salir a la luz pública con fuerza debido a que el Papa debió cancelar una conferencia que iba a dictar en la Inauguración del año académico 2008 en la Universidad de la Sapienza, una de las “más prestigiosas” de Roma debido a una carta de protesta de algunos de los profesores y alumnos de la Universidad. (A propósito, saben quien creó esta Universidad… Bonifacio VIII, otro representante de la colectividad-religiosa-oscurantista-enemiga-de-la-humanidad)

   Ofrezco en éste artículo, primero, una pequeña revisión de la noticia, y luego la transcripción de la polémica conferencia pronuncada en 1990 que ha originado el conflicto, a fin de que el lector curioso y verdaderamente interesado en tener un  buen juicio del asunto tenga toda la información necesaria.

Partamos con la noticia contada de forma “oficial”:

Las cosas que ha ido diciendo Benedicto XVI en los últimos años, o en su reciente encíclica, contra los presuntos males de la razón, la ciencia o la Ilustración le pueden pasar factura por primera vez. En un gesto realmente poco habitual en Italia, donde son muy raros los enfrentamientos abiertos contra el Papa en una institución, un buen número de profesores de la universidad La Sapienza de Roma, el primer centro académico de la capital, se han puesto en pie de guerra contra el pontífice. Ratzinger está invitado a inaugurar el curso pasado mañana y 67 docentes de Física y otras facultades han enviado una carta al rector para que anule su intervención. El motivo, unas teóricas opiniones suyas contra Galileo pronunciadas en 1990, citando a un autor que definía «justo y razonable» el proceso al que le sometió la Iglesia.Juan Pablo II pidió perdón en 1992 por el juicio al genio renacentista. Él y Pablo VI ya visitaron La Sapienza sin problemas. Pero con Ratzinger parece distinto. «Son palabras que, en cuanto científicos fieles a la razón y que dedican su vida a la difusión de los conocimientos, nos ofenden y nos humillan», afirman los docentes. Por eso piden anular el acto, «en nombre del laicismo de la ciencia y la cultura». Sobre la frase del Papa ya hay cierto debate, pues podría suceder lo ocurrido con el famoso discurso de Ratisbona, en 2005, que indignó a parte del islam y en el que, curiosamente, Ratzinger defendía la razón contra el fanatismo religioso. Desde la Iglesia se afirma que las palabras sobre Galileo están sacadas de contexto y Radio Vaticana ha tachado la iniciativa de «intento de censura».

 En resumidas cuentas: la culpa es del Papa, por ser un retrógrado, seguir cuestionando el credo dogmático del positivismo, y no tragarse aquello de que la cencia por si sola nos hace “progresar” (como si la bomba atómica no hubiese demostrado lo suficiente…). El problema son las “cosas que ha venido diciendo los últimos años”, es decir, la posición de la Iglesia Católica, inaceptable para la sociedad progre. Dudo que siquieraa hayan leído la Encíclica que citan.

La novedad es que ahora 67 académicos, en una Universidad que es la más grande de Europa y tiene más de 5000, resultan ser un “buen número de profesores”. Esperenme un poco, pronto voy a comentar los argumentos de estos “intelectuales”, pero me falta citar a los alumnos… (esta siempre es la mejor parte)

Los estudiantes, de la llamada ‘Red de autoformación’, exigían garantías a las autoridades de la institución docente para poder manifestarse el jueves contra la visita dentro de la ciudad universitaria, donde se encuentra el Aula Magna, en la que el Papa tenía previsto pronunciar su discurso.

‘Queremos manifestar nuestro disenso y que la ciudad universitaria sea un lugar libre, sin zonas de exclusión’, dijo un portavoz de los jóvenes, que colocaron pancartas en las que se leía ‘La ciencia es laica’, ‘La Sapienza rehén del Papa’, ‘No Papa’ y ‘Benedicto XVI quédate en el Vaticano’.

Ven, como siempre, no decepcionan… quieren una Universidad “sin zonas de exclusión”, sin embargo encuentran legítimo excluir al Papa abiertamente diciéndole “quédate en el Vaticano”. Sin más comentarios. Dan pena. Me gustaría decir que son pobres ignorantes, pero a la vez me dan rabia porque dejan mal parados a los jóvenes.

Ahora vamos a los argumentos de los “sabios”, los “científicos fieles a la razón” que no soportan un debate con una de las personas mas cultas de nuestra época, que han corrompido el cerebro de estos pobres moluscos (si es que aún los tienen, y no se han atrofiado producto de la televisión y el alcohol…) Las críticas de ellos apuntan a una conferencia dada por Ratzinger cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 15 de febrero de 1990, justamente en la Universidad de la Sapienza, titulada “La fe y las convulsiones socio-políticas contemporáneas”.

En esta conferencia, el Papa conmienza analizando porqué se produjo la caída del marxismo, y más allá de las causas económicas o políticas, el Papa sitúa la falla del marxismo en su materialismo dialéctico, es decir, en descartar el factor “espíritu” al momento de hacer política, considerar al hombre sólo un engranaje. Luego se refiere al positivismo, y a la fe ciega en la ciencia, haciendo un paralelo y llegando a conclusiones semejantes, es decir, en oposición a los pensamientos materialistas, se debe reencontrar un Ethos, el hombre no puede renunciar a su espiritualidad. Lo que nos lleva a un resurgir de la fe. La fe como elemento que le otorga sentido al mundo (sentido que por supuesto la ciencia es incapaz de entregar).  Luego de este análisis, el Papa resalta tres aspectos que evidencian un proceso en Occidente que concierne a la fe: la crisis de la fe en la ciencia, la nueva exigencia de espiritualidad y de ética, y la nueva sed de religión.

 Transcribo el primero de estos puntos, donde está la polémica en torno a Galileo, para que cada uno se haga su juicio:

La crisis de la fe en la ciencia

En el último decenio, la resistencia de la creación a ser manipulada por el hombre, se ha coinvertido en un  nuevo componente de la situación espiritual. La pregunta sobre los límites de la ciencia y las medidasa las cuales ésta debe atenberse se ha hecho ineludible. me parece particularmente significativo del cambio en el clima intelectual el giro que se ha producido en el modo de juzgar el caso Galileo.

Este hecho, poco resaltado en el siglo XVII, fue elevado en el siglo siguiente a mito del Iluminismo. Galileo aparecía como la víctima del oscurantismo medieval conservado en la Iglesia. Bien y mal se oponen divididos por un corte tajante. Por una parte encontramos la Inquisición, el poder que encarna la superstición, el adversario de la libertad de conciencia. Por la otra, la ciencia natural, representada por Galileo, como el poder del progreso  y de la liberación del hombre de las cadenas de la ignorancia, que lo mantenían impotente frente a la naturaleza. La estrella de la modernidad brilla en la noche del oscuro medioevo.

Curiosamente Ernst Bloch, con su marxismo romántico, uno de los primeros en oponerse abiertamente a tal mito, y en ofrecer unja nueva interpretación lo ocurrido.

Según Bloch, el sistema heliocéntrico -al igual que el geocéntrico- se funda sobre presupuestos indemostrables. En esta cuestióin desempeña un papel importantísimo la asfirmación de la existencia de un espacio absoluto, cuestión que actualmente la teoría de la relatividad ha desmentido. Éste escribe textualmente: «desde el momento en que, con la abolición del presupuesto de un espacio vacío e inmóvil, no se produce ya movimiento alguno en éste, sino simplemente un movimiento relativo de los cuerpos entre sí, y su determinación depende del cuerpo asumido como en reposo, también se podría, en el caso de que la complejidad de los cálculos resultantes no mostrara a éste como improcedente, tomar, antes o después, la Tierra como estática y el sol como inmóvil»

La ventaja del sistema heliocéntrico con respecto al geocéntrico no consiste entonces en una mayor correspondencia con la verdad objetiva, sino simplemente en una mayor facilidad de cálculo para nosotros. Hasta aquí, Bloch expone sólo una concepción moderna de la ciencia natural. Pero resulta sorprendente la evaluación que nos ofrece de ella: «Tras quedar fuera de toda duda la relatividad del movimiento, un sistema de referencia humano -o un antiguo sistema de referencia cristiano- no tiene derecho alguno de immiscuirse en los cálculos astronómicos ni en sus implicaciones heliocéntricas; sin embargo si tiene el derecho metódico de preservar las relaciones de significación humana en esta Tierra, y de organizar el mundo relación con cuanto ha ocurrido y ocurre sobre la Tierra»

Si aquí ambas esfereas metódicas se reconocen claramente diferenciadas, en sus límites y en sus respectivos derechos, mucho más drástico aparece un juicio sintético del filósofo agnóstico y excéptico P. Feyerabend. Éste escribe: «La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales d ela doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y sólo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión».

Desde el punto de vista d elas consecuencias concretas d ela obra galileana , C. F. von Weizsäcker, por ejemplo, da un paso adelante cuando ve un «camino directísimo» que conduce desde Galileo hasta la bomba atómica. Para mi sorpresa, en una reciente entrevista sobre el caso Galileo, no se me formuló pregunta alguna del tipo: «¿Por qué la Iglesia ha pretendido obstaculizar el desarrollo de las ciencias naturales?», sino precisamente la opuesta: «¿Por qué la Iglesia no ha asumido una posición más clara contra las consecuencias negativas que tendrían que producirse por fuerza una vez que Galileo abrió la “Caja de Pandora”?»

Sería ingenuo construir, sobre lá única base de estas afirmaciones, un apresurada apologética: La fe no crece a aprtir del resentimiento y d ela refutación de la realidad, sino de su afirmación fundamental, y de su inscripción en una racionalidad más amplia. Sobre esto volveremos más adelante. Ahora deseo recordarlo sólo como un caso sintomático que evidencia hasta qué punto el autocuestionamiento de los modernos que abarca también la ciencia y la técnica es profundo.

Como siempre, le Papa demuestra verdadera agudeza intelectual, si se lo compara con los académicos de Opereta con los que nos encontramos a cada minuto. Es incríble que los profesores de Física de tan “prestigiosa Universidad” no reconozcan el pequeño absurdo que hay en torno a esto del heliocentrismo y geocentrismo, tal como está expuesto en el análisis de Bloch (que no del Papa).

Por lo demás,  hasta citar se ha convertido en un crimen, como ya nos había quedado en evidencia con todo esto del discurso en Ratisbona. (Parece que hay ciertas cosas que quieren sacarse de la historia… que nadie haga referencia a ellas para que se olviden, para que así podamos vivr tranquilos en nuestra visión inventada de la sociedad donde socialismo-ciencia-laicicismo son los salvadores del mundo)

El profesor (judío) Giorgio Israel, de la Universidad de la Sapienza, ha salido en defensa del Papa frente a los laicistas hipócritas. En L’Osservatore Romano afirmó:

“Lo que Cini [uno de los intelectuales opuestos a la visita papal] considera ‘peligroso’ es el hecho que el Papa trate de abrir el diálogo entre fe y razón, que restablezca la conexión entre las tradiciones judeo-cristiana y griega, y que afirme que ciencia y fe no están separadas por una pared impenetrable”

“Entonces, la oposición a la visita del Papa –prosigue Israel– no está motivada por un principio abstracto del secularismo. La oposición es de naturaleza ideológica y tiene a Benedicto XVI como objetivo específico por hablar sobre la ciencia y la relación entre ésta y la fe, en vez de limitarse a hablar sobre fe”.

[…]

De acuerdo al matemático, la cita de un científico agnóstico y de otros no fueron usadas por el entonces Cardenal para defender a la Iglesia, sino para “subrayar el punto sobre cómo la modernidad se ha vuelto dubitativa de sí misma así como de la ciencia y la tecnología actuales”. En otras palabras, lo que el Papa dijo en aquella ocasión “era una clara defensa de la racionalidad de Galileo contra el escepticismo y el relativismo de la cultura postmoderna”, añadió.

Para Israel tal “desatenta, superficial y descuidada lectura” de la conferencia del Papa de 1990 debería ser considerada “una vergüenza y un error profesional“.

“Pero temo que aquí el rigor intelectual tenga poco que ver y que la intención es construir una barrera a cualquier costo”, especialmente si se tiene en cuenta que algunos de los firmantes de la carta contra el Papa “nunca han expresado una palabra crítica contra el fundamentalismo islámico o contra quienes niegan la Shoah (holocausto judío)”, continua.

Muy bien dicho, Sr. Israel. Los mismos señores que encantados reciben a Ahmadineyad cuando niega el holocausto. Los mismo piden disculpas por las caricaturas de Mahoma y guardan silencio de la ola de asesinatos que las siguió, y a la vez viven riéndose del cristianismo. Sí, los mismos cobardes. Porque los católicos nunca los han amenazado con degollarlos. Por eso.

No sé si vale la pena seguir comentando los horrores de este laicismo estéril, que ya se niega  a la idea misma de la fe (cristiana, por supuesto, ya que esa es la dominadora, agresiva y culpable de todos los crímenes de la humanidad… el Islam no lo toque mejor, mire que podría arruinar el multiculturalismo) y que no soporta llevar un debate. Pero es una evidencia más de que la Razón está en crisis.

Clonación de Híbridos: ¿Hay que ponerle límites a la ciencia?

   Recientemente, la Autoridad de Fertilización Humana y Embriología (HFEA en sus siglas en inglés) del Reino Unido ha dado la autorización a los científicos de su país para implantar núcleos humanos en óvulos de vaca.

   Estos nuevos seres serían 99% humanos y 1% animales (vacas, en éste caso. El 1% corresponde al ADN mitocondrial, que está fuera del núcleo)

   Los científicos pretenden que esto es un simple tema de “progreso”, de “avances científicos”, de hacer siempre más y más sin tener límites. Tratan de despreciar así el dilema ético que esto plantea…

   Sin embargo ¿Adónde nos pueden llevar modificaciones a este nivel de los procesos naturales (tan complejos que actualmente los comprendemos sólo en parte)? ¿Somos capaces de prever las consecuencias que esto puede traer? ¿Es legítimo intervenir la raíz misma de lo que somos, nuestra información genética?

   Lo que quiero es compartir con ustedes un texto de la genial Oriana Fallaci en torno a éste tema. Atea declarada, fue tratada hasta de “sierva del Vaticano” por decir algo que es evidente: las ansias de la ciencia por hacerlo todo yendo más allá de los límites impuestos por la prudencia y la razón puede encerrar nuestra propia destrucción, o algo peor.

Nosotros los caníbales (investigación con embriones)

Oriana Fallaci
Artículo publicado en El Mundo, los días 9 y 10 de junio de 2005
Traducción: José Manuel Vidal

Italia celebrará un referéndum los días 12 y 13 de junio donde los ciudadanos de ese país decidirán si quieren que se permita la investigación con embriones humanos, si se profundiza el desarrollo científico en áreas como la fertilización asistida y las pruebas con células madres. […] [A raíz de éste, Oriana Fallaci publicó en el Corriere della Sera el artículo que se reproduce a continuación]

No, no me gusta este referéndum en el que los mecenados del doctor Frankenstein votarán por simple partidismo político o miopía moral. Es decir, sin razonar con su propia cabeza, sin escuchar a la propia conciencia e, incluso, sin conocer el significado de las palabras células–madres–ovocito–blastocito–heterólogo–clonación, y ciertamente sin preguntarse o sin entender qué hay detrás de la ofensiva en pro de la libertad ilimitada de la investigación científica. De hecho, el 12 de junio no utilizaré mi derecho al voto, y con todo el corazón deseo que la ofensiva fracase estrepitosamente. Un deseo que se reforzó el día en que en el Liceo Mamiani de Roma el más autorizado promotor de las cuatro preguntas referendarias hizo una broma que parece un chiste del jefe de los payasos del viejo teatro de variedades: «Si el embrión es vida, masturbarse es un suicidio» (Señor mío, a los estudiantes debería haberles hablado de libertad y no de masturbación. Les habría debido recordar lo que dice Platón en el Libro VIII de la República, cuando escribe que de la libertad degenerada en libertinaje nace y se desarrolla una mala planta: la mala planta de la tiranía. No se trata aquí de masturbarse. Se trata de explicarle a la gente que la libertad ilimitada, es decir sin freno alguno y sin ningún sentido moral, ya no es Libertad sino libertinaje. Inconsciencia, arbitrio. Se trata de clarificar que, para mantener la Libertad, hay que ponerle límites con la razón y con el sentido común. Con la ética. Se trata de reconocer las diferencias que hay entre lo lícito y lo ilícito). No me gusta este referéndum, porque aparte del astuto chantaje con el que la llamada clonación terapéutica justifica sus perversidades, es decir promete curar enfermedades, amén del obvio cuento de siempre que con ese chantaje se llena los bolsillos (por ejemplo, la industria farmacéutica, cuyo cinismo supera al de los mercaderes de armas), detrás de este referéndum hay, además, un proyecto o, incluso, un objetivo inaceptable y terrible. El proyecto de reinventar al Hombre en el laboratorio, transformarlo en un producto para vender, como un bistec o una bomba. El propósito de sustituir a la Naturaleza, manipular la Naturaleza, cambiar o, incluso, desfigurar las raíces de la Vida, deshumanizarla masacrando a las criaturas más inermes e indefensas.

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“Los biocombustibles son una tragedia económica y social”

“Los biocombustibles son una tragedia económica y social”, no lo digo yo, sino el agroecólogo Miguel Altieri (Ingeniero Agrónomo de la Universidad de Chile, Profesor de la Universidad de California) a APM.

   ¿Por qué?

   Muy simple. En primer lugar, ya les contaba aquí que ha aumentado la de manda de cereales, de manera que ya no alcanza para el consumo humano, lo que ya trae sus repercusiones en el tercer mundo.

    Pero ya han salido nuevas razones.

    a) El Instituto Internacional de Agua de Estocolmo (SIWI por sus siglas en inglés) presentó un informe que la esperada producción masiva de etanol y biocombustibles es una seria amenaza para las reservas de agua, ya que duplicaría la demanda actual para la agricultura de aquí al 2050. (1) Leer más

   b) La creciente demanda de terrenos despejados para plantar soja o maiz está acelerando la deforestación en países como Colombia o Brasil. En ese sentido, el daño ecológico que causan es mucho más grande que los potenciales beneficios.

“Los biocombustibles se están convirtiendo rápidamente en la principal causa de deforestación en países como Indonesia, Malasia y Brasil”, dijo a IPS Simone Lovera, coordinadora administrativa de la no gubernamental Coalición Mundial por los Bosques, con sede en Asunción.“Les llamamos ‘diesel de deforestación'” (2)

En Bolpress, un artículo titulado “Biocombustibles, capitalismo puro” dice:

El 80% de la deforestación en Malasia e Indonesia, es a causa de la producción de biodiesel, eliminado la biodiversidad, y despejando pueblos enteros, etc. En Brasil el movimiento sin tierra (organización campesina de mayor importancia), ha declarado a Lula como capitalista y enemigo de la tierra (el análisis del comandante Marcos fue: Lula es una opción neoliberal)

   c) Los combustibles fósiles ni siquiera representan una disminución significativa de emsión de carbono, ya que el proceso requiere “del uso de combustibles fósiles (carbón y petróleo) tanto durante las fases de producción como en el transporte desde y hacia las plantas de procesamiento”, según afirmó Daniela Russi, miembro del  Instituto de Ciencia y Tecnología del Medio Ambiente de la Universidad de Barcelona (3). En Bolpress afirman que “en el caso del etanol de maíz se necesitan 1,3 kilocalorías de petróleo para producir una kilocaloría de bioetanol.” (4)

   d) Además, “Este sistema implica un alto uso de fertilizantes, pesticidas y maquinaria, ya que con métodos agrícolas menos intensivos, la producción sería mucho menor y los requerimientos de tierra y costos serían mucho más altos”, afirma Russi. Esto arruina los medio-ambientes naturales, y además vuelve las tierras estériles, lo que lleva a deforestar nuevos terrenos, generándose un círculo vicioso.

    Se pueden encontrar aún más desventajas (como las laborales y sociales, relacionadas con los cultivos a gran escala) y ciertamente todas son mucho más significativas que las supuestas ventajas, que serían una disminución infina en la emisión de carbono (entre 3 y 6%) (5)

   El calentamiento global es un problema que requiere de nuestra atención, debemos hacer lo que esté en nuestras manos para tratar de evitarlo, pero no podemos cegarnos y optar por estas “soluciones” que al final nos traen muchos más problemas.

Ver:

Los agrocombustibles y la sed del mundo

Biocombustibles ¿Opción viable?

Mitos sobre el “Calentamiento Global”

   Es indudable que el clima se ha vuelto más extremo, especialmente en el hemisferio norte, donde los veranos se han hecho mucho más calidos (y lluviosos…) y los inviernos mucho más crudos.  Además, ya es casi un pensamiento unánime que el llamado “calentamiento global” se ha producido por la intervención humana del medio ambiente, específicamente, por la emisión de gases invernadero (como el CO2). Pero quiero hacer mías las palabras del filósofo danés, Soren Kierkegaard: cuando una idea es unánimemente aceptada se sigue que ésta debe ser un error. Y parece que la teoría ya se resquebraja.

  Por ejemplo, hoy la BBC publicó una noticia titulada “Inundaciones ¿Por cambio climático?” en la que Stella Carballo, investigadora del Instituto de Clima y Agua en Argentina, es consultada acerca delas condiciones climáticas extremas en Londres y Buenos Aires, y dice: “creo que esto se encuadra dentro de las variabilidades naturales. […] Por supuesto -dice la investigadora- no debemos descuidar la actividad del hombre que está causando contaminación y emisiones que producen efectos nocivos en el medio ambiente. Pero aquí estamos hablando del clima y creo que la principal participación es natural“, concluye la experta.

   Y tiene lógica: el clima de nuestro planeta nunca ha estado estático. Se sabe que cada cierto tiempo han ocurrido “glaciaciones”: hace unos 950, 750 y 600 millones de años, durante el precámbrico; hace 450 millones de años, en el ordovícico; hace 280-290 millones de años, durante el pérmico; y hace unos 15 millones de años, en el mioceno. En la “Encarta” nos dicen:

Durante el pleistoceno (cuaternario), el clima mundial experimentó unos 20 ciclos en los que se alternaban periodos fríos o glaciales, caracterizados por la expansión de los mantos de hielo, con otros más cálidos o interglaciales, que provocaban su retroceso.

Y un poco después:

El último periodo glacial comenzó hace unos 120.000 años y terminó hace unos 10.000, cuando se inicia el holoceno, que llega hasta nuestros días y es considerado por los científicos como interglacial. El clima de los periodos interglaciales ha sido muy similar o, quizás, un poco más cálido que el de hoy.[1]

   Para resumirlo: el clima de la Tierra, visto ha gran escala, ha oscilado permanentemente entre épocas de caletamiento y enfriamiento, y en ésto nada tiene que ver la Revolución Industrial ni el capitalismo. De hecho, históricamente también se sabe que en la Edad Media hubo un período muy frío y con muchas precipitaciones, que provocó una gran hambruna.

   Y no es que quiera menospreciar el papel del ser humano: es indudable que impactamos el medioambiente mucho más significativamente que los demás seres vivos, que tenemos problemas graves como la deforestación, la desertificación y los desechos no biodegradables; pero también se debe ser honesto y juzgar todas las cosas en su justa medida.

   El problema es más grave de los que parece, porque por el fanatismo en torno al calentamiento global se ha alentado lo que al parecer es la locura del siglo XXI: los biocombustibles… este nuevo desastre de la política está haciendo que suban los precios de los alimentos básicos (que siempre han sido los cereales) y al final, matando de hambre al tercer mundo, como ya decía la FAO.

   Por construir la “sociedad sin clases” murieron decenas de millones de personas durante el siglo XX. Me pregunto cuantas podrán morir ahora por el “Calentamiento Global”. Hay que tener presente que el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones

[1] “Glaciación.” Microsoft® Student 2007 [DVD]. Microsoft Corporation, 2006.

Relatividad, no relativismo

Einstein, un científico que creía de corazón en la existencia de la verdad de valor universal y en que era posible alcanzar la certidumbre racional, vio en vida como su teoría fue víctima de un fatal equívoco, y de cómo las masas vinieron a confundir la relatividad física con el relativismo moral, quizás en el mayor ejemplo historico de la ‘ley de consecuencia involuntaria’

einstein.jpg   Estoy leyendo Tiempos Modernos, del británico Paul Johnson. Se trata de una historia del siglo XX, cuyo primer capítulo se titula “Un mundo relativista” y dice así:

   “El mundo moderno comenzó el 29 de mayo de 1919, cuando las fotografías de un eclipse solar, tomadas en la isal del Príncipe, frente al África occcidental, y en Sobral, Brasil, confirmaron la verdad de una nueva teoría del Universo”[1]

   Por supuesto, el autor se refiere a la Teoría de la Relatividad de Einstein. Pero ¿Por qué debería ser éste el comienzo de la época moderna?

   Para Johnson, la Mecánica Newtoniana fue marco del “Iluminismo Europeo, la Revolución Industrial y la vasta expansión del conocimiento, la libertad y la prosperidad de la humanidad que alcanzó el siglo XIX”. Mas empezó a mostrar deficiencias con el advenimiento de telescopios más poderosos (que revelaron una desviación de Mercurio no prevista por la mecánica clásica) y principalmente por el famoso experimento de Michelson y Morley que estableció la inavarianza de la rapidez de la luz.

   Fue en este contexto que apareció Albert Einstein, quien explicó por qué en ciertas circunstancias las distancias parecen contraerse y los relojes aminorar la velocidad, en la posteriormente llamada “Teoría especial de la relatividad”. Pero no se quedó ahí: “Ni siquiera el comienzo de la guerra en Europa impidió que los científicos prosiguieran la búsqueda, promovida por Einstein, de una Teoría Genereal de la Relatividad, que abarcara los campos gravitatorios, y permitiera una revisión integral de la física newtoniana”[2].

   Y fue esta última teoría la comprobada por Arthur Eddington en 1919, constatando con el eclipse solar que “un rayo de luz que rozara la superficie del sol debía desviarse 1,745 segundos de arco, dos veces la desviación gravitatoria indicada por la teoría newtoniana”[3].   Cuando los resultados se anunciaron ante la Sociedad Real, en Londres, Whitehead, presente, dijo: “Éramos el coro que comentaba el decreto del destino revelado en el desarrollo de un incidente supremo. Había cierta dignidad dramática en la escenografía misma: el ceremonial tradicional, y en el trasfondo la imagen de Newton recordándonos que la más grande de las generalizaciones científicas ahora, por primera vez después de dos siglos, sería modificada… al fin  había comenzado uan gran aventura del pensamiento“.

   Einstein «debía ilustrar lo que Karl Popper denominaría más tarde la ‘ley de consecuencia involuntaria’. Muchísimos libros trataron de explicar claramente de qué modo la Teoría General había modificado los conceptos newtonianos  que informaban la comprensión del mundo en los hombres y las mujeres comunes, y cómo funcionaba. El propio Einstein la resumió así: ‘En su sentido más amplio, el Principio de la Relatividad está contenido en el enunciado: La totalidad de los fenómenos físicos tiene un carácter tal que no permite la introducción del concepto de movimiento absoluto; o, más breve pero menos exacto: No hay movimiento absoluto.’ […]

   Pero a los ojos de la mayoría de la gente, para la cual la física newtoniana, con sus líneas rectas y sus ángulos rectos, era perfectamente inteligible, la relatividad nunca fue más que una imprecisa causa de inquietud. Se entendía que el tiempo absoluto y la longitud absoluta habían sido derrocados; el movimiento era curvilíneo. De pronto, pareció que nada era seguro en el movimiento de las esferas. ‘El mundo está desquiciado’, como observó entristecido Hamlet. […] A principios de 1920 comenzó a difundirse, por primera vez en un ámbito popular, la idea de que ya no existían absolutos: de tiempo y espacio, de bien y mal, del saber, y sobre todo de valor. En un error quizás inevitable vino a confundirse la relatividad con el relativismo.

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