Corrupción en educación… Ya no sorprende el robo, sino la desfachatez.

   Los no-distinguidos ni honorables ministros y demás funcionarios públicos se han esmerado para endosarle el nuevo delito que se les ha descubierto a los particulares que indirectamente se relacionan con el asunto: esta vez, son los sostenedores los culpables de que en las cuentas del Ministerio de (Mala)Educación hayan desaparecido 260.000 millones de pesos a la vista y paciencia (¿o con complicidad?) de la ministra Provoste (la mentirosa de siempre) y del seremi respectivo .

   Lo que ahora debemos aguantar es que con total descaro nos digan que, como ellos mismos han sacado la información a la luz pública (ya que la pidió la Contraloría, por lo demás) quedó claro que no hay nada que ocultar, que todo está “aclarado” y que como-se-le-puede-ocurrir-que-haya-una-ilegalidad (??!!) Por lo tanto, olvidémonos de esto, pongámolo debajo de la alfombra, como MOP-gate, EFE, Chiledeportes, etc (para no cansarse)

   Lo que presento ahora es una columna de Gonzalo Vial que me parece notable, que aprovecha de poner en su lugar a los señores del gobierno.

Gonzalo Vial
Respetuosa solicitud de que no nos tomen el pelo

Hace treinta años que integro una Fundación Educacional que es “sostenedora”. Es decir, que imparte enseñanza gratuita, en su caso Básica y Media, y recibe por ello una subvención del Estado a través del Ministerio del ramo. Al ser este aporte estatal -según he dicho tantas veces aquí mismo- groseramente inferior al mínimo indispensable para lograr una calidad también mínima, la Fundación debe colocar la diferencia. Pues la ley le prohíbe, como es lógico, cobrar nada a los usuarios, a las familias de los alumnos.

En el escándalo de las “platas perdidas” por el Ministerio de Educación, Secretaría Regional de Santiago -que se halla en pleno desarrollo-, e invocando la calidad de sostenedora que inviste la Fundación, tengo una respetuosa solicitud que formular. Se dirige a esa Secretaría de Estado, y a los distintos “voceros” del Gobierno que tocan la materia, por una parte, y por la otra a la prensa.

Al Ministerio de Educación y “voceros” gubernativos pido, humildemente, que no me tomen el pelo junto con tomárselo a todos los demás chilenos. Y a los medios comunicacionales, que no se presten a la burla.

¿Será mucho pedir? Veamos los hechos.

1. Desde febrero de 2006, la Contraloría viene observando al Ministerio que sus cuentas de gastos correspondientes a 2004, 2005 y 2006, NO CUADRAN. Y esto, EN LA MONSTRUOSA SUMA GLOBAL DE DOSCIENTOS SESENTA Y DOS MIL MILLONES DE PESOS.

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Manipulación de puntajes PSU

   El profesor Hugo Montes expresó en un artículo publicado el 18 de julio su inquietud por la falta de transparencia en torno a la PSU. En particular, se refirió a un estudio emitido por el Educational Testing Service que no ha sido dado a conocer a la opinión pública.  

Quiero aprovechar que el tema se ha vuelto a poner en el tapete, para llamar la atención sobre otra de las “irregularidades” que rodea a la famosa prueba: me refiero al  “tratamiento de puntajes” que realiza la institución evaluadora (concepto acuñado por ellos mismos). Con el propósito de “acortar la brecha entre ricos y pobres” y, en fin, encubrir la situación terminal en que se encuentra la educación pública, el DEMRE manipula sin pudor alguno los puntajes, valiéndose de trucos matemáticos. Cualquiera puede constatar, si ve la “Tabla de Equivalencia de Puntajes Corregidos y Puntajes Standard […] Proceso de Admisión 2007. Matemática” (disponible en el sitio web del organismo, sección Estadísticas) que con el total de las preguntas buenas (es decir, puntaje corregido igual a 70) el puntaje standard que corresponde es 850, y con 69 buenas es 828: una variación de 22 puntos. Sin embargo, entre las 40 y 41 buenas ¡¡¡la diferencia es sólo de 3 puntos!!! El mismo DEMRE explica en su página como adapta los datos para que la mayoría de los puntajes queden en la mitad del espectro. El resultado es que a pequeñas variaciones de puntaje corregido en los extremos, la variación de puntaje standard es inmensa: con 67 buenas ya se sale del rango de los 800, con 60 ya se está casi en 700, y por otro lado, sólo con 10 buenas ¡se tiene casi 500 puntos!  

Es válido preguntarse: ¿Qué clase de sistema de selección es uno que perjudica a los buenos alumnos, protege a los mediocres y directamente beneficia a los malos; que además homogeniza artificialmente a los colegios, ocultando la realidad a la opinión pública? No veo como puede ser compatible todo esto con “el gran salto en educación” que supuestamente desea la Presidenta.

Sobre los milagros que se le piden a la educación y el objetivo de la instrucción pública

   En un Estado popular no basta la vigencia de las leyes ni el brazo del príncipe siempre levantado; se necesita un resorte más, que es la virtud. (Montesquieu)

   Se habla hasta el cansancio de lo mala que es la educación, sin embargo, nadie se detiene a pensar mucho ¿por qué es mala?… Me explico: Cuando se habla de que la educación en Chile está muy mal, se hace en base a pruebas que miden ciertos conocimientos como el SIMCE y, más falazmente (como explicaré), refiriéndose a la mala distribución del ingreso.

   Se le imponen  así  a la educación, dos deberes titánicos: transformar a las personas en sabelotodos, y terminar con las diferencias sociales. Imposibles, al fin y al cabo:

   El primero, porque no todos estan hechos para las labores intelectuales, para entenderlo todo: las inteligencias se distribuyen según la curva de Gauss. Además, porque quizás alguien tiene talento para las letras pero no para las ciencias, como ya decíamos aquí. Las conductas de entrada no son las mismas, el resultado no puede ser el mismo.

   El segundo, porque ese es un problema anterior y en cierta medida independiente al de la educación: en una sociedad de profesionales, termina ganando más el técnico, no hay una relación tan necesaria entonces entre acumulación de títulos y sueldo. El problema de distribución del ingreso en Chile es el menosprecio del trabajo ajeno, lo poco valorado que son labores fundamentales para el funcionamiento de la sociedad (un pequeño ejemplo los profesores: sería un absurdo hablar de educación si no hubiese profesores, sin embargo no hay valoración de su tarbajo); el clasismo y la segregación, que se refleja hasta en la distribución espacial de nuestra ciudad, con barrios donde naces y mueres pobre. Un país que todavía cree que el pobre lo es por ser flojo. Que por lo tanto está plagado del sentimiento de asemejarse a los que tienen más (aspiración que al final es absurda, porque los que tienen más encuentran la forma de no integrar a los otros: el apellido, el color de piel, etc). El problema de desigualdad entonces es un problema de que los ricos no ceden lo que tienen. Es un problema económico. Es un  problema de valores. Es un problema de actitudes. No de cuantos abogados, ingenieros o periodistas se titulan al año, y el que cree que esa es una solución definitiva se engaña. Por lo demás, es factible ganar dinero siendo ignorante.

   Por lo tanto, es legítimo hacerse la pregunta: ¿Para que sirve la educación pública? ¿Por qué existe? Si fuera simplemente para que los individuos tengan tal o cual título y ganen más, la educación no se pondría en manos del Estado: sería parte de los negocios de cada cual. Pero no es así: el Estado la garantiza, la financia y la promueve. Sigue leyendo

¿Educación “integral”?

   Hoy me encontré con este pequeño texto de Leo Buscaglia:

   Siempre relato el cuento de la escuela de animales, una historia fabulosa que los educadores utilizan desde hace años. Todos nos reimos, pero nunca hacemos nada por cambiar las cosas. Un conejo, un pájaro, un pez, una ardilla, un pato, etcétera, se reunieron para fundar un colegio y se sentaron a redactar el programa de estudios. El conejo quiso que en el programa se incluyera la carrera. El pájaro quiso que se incluyese la técnica de volar. El pez, la natación. La ardilla insistió en que debía agregarse el modo de trepar los árboles en forma perpendicular. Los demás animales también quisieron incluir su especialidad en el programa, de modo que anotaron todo y cometieron el glorioso error de exigir que todos los animales cursasen la totalidad de las materias. El conejo era excelente en carrera, nadie corría tan bien como él, pero le exigieron que aprendiera a volar como conveniente disciplina intelectual y emocional. Lo subieron entonces a un árbol y le ordenaron: «¡Vuela conejo!» y el pobrecitó se largó, se quebró una pata y se fracturó el cráneo. Quedó con una lesión cerebral, y ya no pudo correr bien, de manera que en vez de obtener la máxima calificación en carrera, obtuvo una inferior, y sacó la mínima en vuelo puesto que estaba aprendiendo. Y el consejo de estudios estaba feliz. Lo mismo le sucedió al pájaro. Era capaz de volar por todas partes, dar volteretas, y sacaba la nota más alta, hasta que le pidieron que cavara hoyos en la tierra como un topo. Por supuesto que se quebró las alas y el pico, y no pudo volar más, pero sus maestros se contentaron con bajarle la calificación en vuelo, y así sucesivamente. ¿Y saben quien fue el alumno que dijo el discurso de despedida en la graduación? Una anguila retardada mental porque podía hacer casi todo relativamente bien. El búho abandonó los estudios y ahora vota en contra de todos los impuestos que quieran implantarse para promover la educación.

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Islam ¿Cultura superior?

   Hay una mentira que contamina nuestros textos de Historia: una mentira que rebaja a la cultura occidental a la categoría de aberración, y que pinta al Islam como El Sol que brilla sobre Occidente. Sí, me refiero a la visión de nuestros historiadores sobre la Edad Media, la cultura islámica, y el supuesto renacimiento andalusí.

   No se cómo, de pronto ocurrió que todo los islamico era mejor durante la Edad Media (no falta quien lo amplía al presente, pero eso ya es gracioso): su religion, más coherente; su cultura, más rica; sus matematicas, más avanzadas; sus politicos más civilizados; su sociedad más refinada…. Pero el lector crítico se preguntará de inmediato: cómo es posible que una civilización tan avanzada llegué a ser lo que es ahora, es decir, un mar de analfabetos que lo único que saben es hablar del Corán, cuya única fuente legal es la Sharía, que no acepta la libertad de expresión ni de culto. Y por otro lado, cómo explican estos historiadores de la dhimmitude que los bárbaros y salvajes occidentales hayan construido una de las civilizaciones más refinadas, que además de tener todo lo que la otra no tiene, ha desarrollado la Ciencia y la Filosofía más que ninguna otra, que ha podido alcanzar un progreso material mucho mayor…

   Porque los mentirosos, que nunca faltan, han heho de la Historia una Historieta, una simplificación, y han dicho que con las “hordas bárbaras” se le puso repentino término a todas las manifestaciones de la cultura occidental, que quedó sumida en la ignorancia hasta que los buenos y cultos y refinados y civilizados sarracenos invadieron sus tierras y los desasnaron. (Supongo que por culturizar entenderán los señores dhimmi someter, que por transmitir sabiduría entenderán cobrar impuestos, que por enseñar entenderán someter a la Sharía… bueno, paciencia)

   Pero las dos caricaturas de las que se vale esta simplificación son falsedades, y eso trataré de explicar en éste artículo, es decir, primero: en el Occidente cristiano, aunque habían cambiado las condiciones políticas, no se había perdido la cultura clásica ni habíamos caído en la más completa obscuridad, y segundo: no existió ese reino de las Mil y Una Noches que los historiadores dhimi han querido construir desde las arenas del desierto, y el mito en realidad se derrumba tan fácil como un castillo de arena…

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¿Igualdad en Educación?

   Cuando aun no se implementaba el Transantiago, el tema de moda era la eduación ¿Recuerdan? No es que el tema ya no exista, porque la Presidenta mandó un proyecto “genial” que en su gran mayoría dice cosas de carácter administrativo o simplemente irrelevante. Nse si se dieron la lata de leer la LOCE antigua (ni los “pinguinos” se la dieron en realidad…): era muy parecida a ésta, salvo por dos puntos aparentemente inocuos. Describo primero el problema:

  Actualmente, los colegios municipales se ven obligados a recibir a aquellos alumnos rechazados por el sistema privado, lo que ciertamente los pone en desventaja a la hora de competir. Al mismo tiempo, esto provoca la migración del resto de sus estudiantes hacia el sistema subvencionado (por supuesto siempre y cuando éstos tengan los recursos) instaurándose así un sistema donde sólo el que paga obtiene buena educación, lo que claramente va contra las convicciones del actual Gobierno

   Para solucionar este problema, la Presidenta Bachelet ha propuesto dos polémicas medidas: impedir la selección para la educación preescolar y básica en colegios financiados por el Estado, y prohibir la expulsión por rendimiento o repitencia en los mismos. Con estas normas tales colegios se ven obligados a aceptar a cualquier alumno y mantenerlo hasta su egreso, o hasta que se retire voluntariamente.

   Sin embargo, esta política descansa sobre un axioma totalmente falso: que todos somos iguales y que compartimos las mismas necesidades. Aunque nadie espera que sanos y enfermos sean atendidos en hospitales, o que los ricos paguen tantos impuestos como los pobres, en educación la premisa de la igualdad es la que impera. Pueden verse sus desastrosos efectos en la jornada completa, aquella que tiene a todos los niños prácticamente todo el día en el colegio, para impedir que estén en la calle, delincan o roben, como si todos estuvieran en riesgo social; o en el currículum unificado y rígido, que espera de todos los mismos aprendizajes, sin importar el contexto. Es el principio que contaminaba el discurso de los famosos “pingüinos” que nunca precisaron lo que entendían por igualdad.

   Porque se engañan la Presidenta , los dirigentes estudiantiles y cualquiera que piense esto. Se engañan porque salta a la vista que las personas no son todas iguales, y no sólo en el ámbito intelectual: las diferencias son valóricas, sociales, de intereses, de vocaciones, de aptitudes. Diferencias que no quedan plasmadas en el sistema educativo propuesto. Y pregunto: ¿Cuál es el aporte de un sistema que trata de anular la diversidad, negar la diferencia, que quiere que todos entren a cualquier colegio, junto a personas de todo tipo, pretendiendo que estudien sin problemas lo que el gobierno dicta? ¿Qué es lo que debe hacer el profesor para encontrar temas que motiven a personas tan distintas? ¿Qué hace el niño que rápidamente aprendió a multiplicar si su compañero todavía no entiende la tabla del uno (¿Cree que es broma?) mientras el profesor le pone atención a éste? ¿Acaso el docente debería seguir con el programa sin importarle que los alumnos no entiendan?

   Es por eso que apoyo la idea de que deberían crearse “liceos de excelencia, que seleccionen a los mejores, en cada región del país” (expuesta por Joaquín Lavín en su “Carat a Bachelet” publicada en el Mercurio, y por Loreto Fontaine en “Selección en Educación”) yo me muestro plenamente de acuerdo, pero añado más: se deberían abrir liceos deportivos y artísticos en todas las regiones; se debería fomentar la educación técnica. Y de ser posible no sólo en todas las regiones, sino en cada provincia. Si logramos superar la falacia de la igualdad, en lugar de ingeniárnoslas para hacer un sistema rígido que anule el mérito, podríamos dedicarnos a diseñar un sistema que asuma las diferencias y permita entregar la educación que cada persona requiere. Y si esto es utópico realmente no me importa: prefiero este ideal que el de la igualación artificial.