"El Islam no es una religión" ¿Delirios de Web Islam?

   Cuando lo vi no me convencí de inmediato. Buscaba islam en google cuando me apareció un artículo realmente insólito: ¿Es el Islam una religión?.  Está escrito por un tal Abdullah Bartoll Ríus en Web Islam, y defiende unas tesis realmente descabelladas.

   El señor Abdullah postula que

Es incorrecto traducir la palabra coránica ‘din’ por ‘religión’, por la sencilla razón que este término coránico no tiene nada que ver con la idea occidental de ‘religión’.

   A su juicio, el vocablo islámico se relaciona con adquirir una mayor sabiduría, la Divina, lo que se opone al concepto “que los Occidentales” tenemos de religión, es decir, “una formulación influída por la cultura de una sociedad, una instrumentalización del vínculo en cuestión —mitos y sacramentos—, y como iglesia, como organización” (Houtart) o como “El mito que la sociedad hace de sí misma” (Durkheim) (Citadas ambas definiciones en el artículo)

   A partir de esto el autor pasa a afirmar que el Din es una “superación” de la religión porque, claro, pasamos de esa mentira construida por todos a la verdad de Allah-misericordioso-y-compasivo (la paz sobre el genocida y todo eso..)

  En ningún minuto el autor se detiene a pensar que las definiciones que da son de la intelectualidad atea (no “Occidente”. Lo que pasa es que no se les mete en la cabeza que aquí todos pensemos distinto sin matarnos… y sacan la falsa conclusión de que todos pensamos igual), que esas definiciones también fueron dadas pensando en el Islam, que para un ateo no existe la revelación divina y por lo tanto el din o dan o dun o lo que se les ocurra es un disparate….

   Pero paciencia, que se vienen cosas mucho más interesantes….

Que es una religión según el Islam

   Dice este teólogo, este sabio (a veces me averguenzo de que la jerarquía católica sea taaan ignorante: quedan mal parados al lado de estas lumbreras):

Las religiones suelen caracterizarse por la Institución , el Dogma, el Misterio, la Mitología , la Magia , la Fe , el Fatalismo o el Pecado Original

   Noten que las religiones no se caracterizan por otras cosas… por creer en la revelación divina, por ejemplo…. No, que así el Islam sería religión… Se  caracterizan por esa lista de cosas que, según Abdullah, “curiosamente en el Islam no existen”.(quizás es ciego, el pobre…)

    Partamos por esto de la “Institución”:

La Institución es la organización piramidal, vertical, del poder mundano. Su función es controlar de manera exclusiva la interpretación de los Libros Revelados, de la Voluntad Divina. La Institución genera privilegios espirituales, económicos, sociales y políticos. Las jerarquías sacerdotales, las Iglesias y el monacato pertenecen al mundo del poder y de la manipulación mental, y están contra las vías que suponen la liberación y el progreso de los seres humanos.

   Hasta donde sabía, el concepto de Iglesia incluye a las jerarquías sacerdotales y al monacato, pero el pleonasmo me parece que quiere aprovecharse de toda esta imaginería anticlerical que reflejan libros como el Código da Vinci… (Eso, y algunas palabras que siempre están a la mano como “poder mundano”). Aquí sólo me limito a citar al Señor :

¡Hipócrita!
No mires la paja en el ojo ajeno, quita la viga que tienes en tu propio ojo.
Entonces podrás ver bien para quitarle la paja del ojo de tu hermano.

   Hablar de que las jerarquías no islámicas tienen poder político, y no denunciar la manipulación de los ayatolás y de los imanes es ser desvergonzado. Prácticamente las únicas teocracias que existen son las islámicas.

   Pero cosa de ellos como se organicen.

   Vamos al punto 2:

El Dogma y el Misterio se caracterizan por su rechazo de la razón. Son fórmulas teológicas de poder que aspiran a destruir cualquier disidencia, el libre pensamiento y el progreso individual y colectivo.    ^

[…]

El Dogma y el Misterio son una imposición de las jerarquías sacerdotales, por lo que su aceptación es, en realidad, el sometimiento a esas jerarquías, jamás a la Divinidad. El núcleo del Misterio tiene su raíz en las religiones arcaicas y está relacionado con el tabú.

   Según lo que deduzco, el problema del cristianismo (que vamos, se habla de “religiones” pero sólo se enuncian características del cristianismo – e incluso más específicamente del catolicismo) es que hay dogmas… Si alguien encuentra que eso es un problema, no es mi propósito convencerlo aquí de lo contrario… lo que me pregunto es ¿En el Islam no hay dogmas? ¿No es acaso un gran dogma declarar que hay un único Dios y Mahoma es su Profeta? ¿No implica eso que todo el Corán es un dogma, también? ¿No forman parte de los dogmas el Hadit y la Sunna (porque bien en cuenta que los tienen…) ? Quizás lo que diferencia en este punto al Islam del cristianismo, es que el primero tiene demasiados dogmas (si piensan que hay una copia del Corán en el cielo, de hecho cada sura se transforma en dogma..).

   El gran defecto del dogma sería no permitir la libertad de expresión… Si no tener dogma significa tener tanta libertad de expresión como en Arabia Saudita o Irán … ¡Bienvenido sea el dogma!

    Otra ventaja del Islam sería que no se relaciona con el tabú… pero esto ya da risa. Se ha dicho en otros lados que la fe islámica reglamenta prácticamente todos los aspectos de la vida: hasta la dirección en que se debe defecar…¿no es eso un tabú?

   La lista sigue, no se impacienten. Lo tercero es la Mitología y la magia. La magia estaría según Abdullah hasta en las naciones desarrolladas, pero NO en el Islam, a pesar de que yo había leído una cosa por ahí:

¿Es la Piedra Negra un elemento genuinamente islámico?
No; la Piedra Negra era venerada por las tribus árabes en la Meca desde mucho antes del advenimiento de Mahoma.
Se cree que es un meteorito, y formaba parte de un conglomerado de ídolos que eran adorados en la Meca. Mahoma prohibió todo culto a los ídolos, pero conservó esta tradición, lo que paradojalmente coloca algo que puede ser considerado un ídolo en el centro mismo de veneración de la religión iconoclasta por excelencia.
De todas maneras, en los principios del islamismo la Kaaba no fué el lugar hacia donde los musulmanes debían dirigirse a orar, sino Jerusalén. Luego, a raíz de conflictos con los judíos, Mahoma cambió esto.

Sigue leyendo

«He decidido convertirme al catolicismo porque no creo posible reformar el islam desde dentro»

   Esto ha sido dicho por Magdi Allam, periodista italiano que recientemente se ha convertido del Islam al Catolicismo (lo bautizó el Papa en la Vigilia Pascual, por lo que no han faltado las críticas, pero son las mismas tonterías de siempre…).

   Lo importante es lo que ha dicho este hombre, en una entrevista publicada inicialmente por El Mundo, difundida también por AMDG, Allam ha dicho cosas geniales, que le dan al Islam el lugar que realmente se merece, además de hablar sobre el “Islam moderado” y otros cuentos. Yo encuentro que no tiene desperdicio.

   Aquí va:

EL SUBDIRECTOR DEL ‘CORRIERE DELLA SERA’ ES UNO DE LOS MAYORES EXPERTOS EN ISLAM. EL PASADO SABADO FUE BAUTIZADO POR EL PAPA EN LA BASILICA DE SAN PEDRO, MATERIALIZANDOSE ASI SU CONVERSION AL CATOLICISMO. EL GESTO HA DESPERTADO LA IRA DE LOS ISLAMISTAS EN TODO EL  MUNDO

IRENE HDEZ. VELASCO

CARGO: Columnista, subdirector del ‘Corriere della Sera’ y especialista en Oriente Próximo / EDAD: 55 años / FORMACION: Licenciado en Sociología por la Universidad de la Sapienza de Roma / CREDO: Católico / SUEÑO: Que los musulmanes puedan convertirse al catolicismo con la misma libertad y visibilidad con la que los católicos lo hacen al islam

Magdi Allam es un hombre delgado y de aspecto frágil. Y parece aún más desvalido en medio de los tres fornidos guardaespaldas que constantemente le acompañan. Aunque él está tan habituado a su presencia que no se siente cohibido ante ellos. Hace ya cinco años que este ensayista y periodista nacido en Egipto, pero afincado en Italia desde hace 35 años, vive con escolta policial, a causa de las amenazas de muerte proferidas contra él por extremistas islámicos.

No en vano, y muerta Oriana Fallaci, este subdirector del Corriere della Sera que en breve presentará en España su libro Vencer el miedo se ha convertido en el mayor fustigador público que hay en Italia contra el islam y en defensor a ultranza de la civilización occidental. Pero tiene algo de lo que la Fallaci y tantos otros detractores de la religión musulmana carecen: un conocimiento privilegiado del islam, asequible sólo a alguien que ha vivido ese credo desde dentro.

Pero después de 55 años viviendo como musulmán, Magdi Allam se convirtió el pasado sábado al catolicismo. Su bautismo, oficiado por Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro durante la vigilia pascual, ha desencadenado un alud de críticas por parte de musulmanes radicales, moderados e incluso de católicos. Y una nueva condena a muerte contra él, dado que muchos terroristas islamistas defienden que la apostasía del Corán se debe de castigar con la pena capital.

PREGUNTA.- ¿Se esperaba la riada de protestas y reacciones que ha provocado su bautismo?

RESPUESTA.- Déjeme en primer lugar señalar que la mayoría de las reacciones que estoy recibiendo son de afecto y de solidaridad. Pero, por supuesto, daba también por sentado que iba a haber reacciones críticas, duras e incluso violentas. Es algo que me duele, pero a la vez me reafirma en la decisión que he tomado.

P.- Usted lleva cinco años condenado a muerte por los extremistas musulmanes por decir cosas como que el islam es una religión fisiológicamente violenta. ¿En qué basa esa afirmación?

R.- Permítame antes que le explique algo. Yo soy una persona a punto de cumplir 56 años, nacido y criado como musulmán en un contexto particular que me ha llevado a estudiar en una escuela católica en El Cairo y a trasladarme después a Italia, donde estudié en la Universidad. Siempre he estado fuertemente interesado en la dimensión de los valores. Obviamente, he conocido bien el islam desde dentro, he frecuentado a muchísimos musulmanes y sé de qué hablo cuando hablo de esta religión. Y es necesario, además, tener en consideración que desde hace cinco años vivo bajo protección policial, porque a causa de mis opiniones he sido condenado a muerte y repetidamente amenazado por extremistas y terroristas islámicos, empezando por algunos que operan fuera de Italia como Hamas, pero también de otros con base en Italia. Esta situación no es un mero detalle en mi vida. Desde el momento en el que he sido condenado a muerte, mientras yo me empeñaba en promover un islam moderado en Italia, me he sentido obligado a reflexionar sobre este credo. A preguntarme si el islam es compatible con los valores que son el fundamento de nuestra humanidad. Me he visto obligado a hacerme esa pregunta porque lo que estaba en juego era mi propia vida.

P.- ¿Y a qué conclusión ha llegado?

R.- El Corán, la obra y las palabras de Mahoma son incompatibles con los valores fundamentales de nuestra civilización occidental, es decir, con la concepción de la vida como un don sagrado desde el nacimiento hasta la muerte, con el pleno respeto de la dignidad de la persona (incluida la igualdad entre hombres y mujeres) y con la libertad de elección del individuo. Si no fuera así, yo no habría abandonado la religión islámica. Pero si he decidido convertirme al catolicismo es porque estoy completamente desilusionado de la posibilidad de reformar el islam desde dentro.

P.- ¿Quiere decir que no cree que exista un islam moderado?

R.- Yo creo que el islam en cuanto religión que tiene en el Corán su fundamento doctrinal es una realidad que no admite reformas. De hecho, está concebido para ser intocable, inmodificable y, por tanto, no interpretable. Creo que efectivamente no se puede hablar de un islam moderado. Pero otra cosa son los musulmanes, entre quienes sí existen moderados. Hay musulmanes que tienen unos valores y compatibilizan su fe con la razón. Con ellos no sólo es posible el diálogo, sino que es un deber. Yo estoy a favor del diálogo con los musulmanes, pero siempre que, como punto de partida, éstos reconozcan que la vida es un don sagrado y defiendan la libertad de la persona y la libertad de elección del individuo. Estos son valores innegociables e inalienables previos a cualquier negociación y que representan la esencia de nuestra humanidad.

P.- Sin embargo, su conversión al catolicismo no sólo ha provocado la ira de los fundamentalistas islámicos. Los mismos 138 intelectuales musulmanes moderados que recientemente enviaron una carta al Papa abogando por el diálogo interreligioso también han sido muy críticos con su bautismo a manos de Benedicto XVI.

R.- ¿Moderados, dice usted? Han escrito una carta muy dura al Papa intimándole a romper cualquier relación conmigo y han condenado mi conversión como un gesto de apostasía. Eso confirma que no puede existir moderación si antes no se comparten unos valores fundamentales que hoy por hoy están absolutamente ausentes. Estos 138 musulmanes que usted me señala no son moderados, son falsos moderados que tratan a través de juegos de palabras de esconder sus intenciones verdaderas y su auténtica realidad ideológica.

Sigue leyendo

Cuando los nazis vinieron…

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

   Este poema, del pastor luterano Martin Niemöller me parece muy significativo.

   No debemos quedarnos callados ante ninguna tiranía que quiera imponerse. No hay nada más valioso que nuestra libertad. No debemos dejar que se pierdan las conquistas de nuestra civilización. Si ante quienes amenazan todo eso nos mostramos tímidos, puede que luego, cuando nos veamos directamente afectados, ya no podamos protestar.

   Quizás ellos todavía no vienen a buscarnos (algunos, como Theo Van Gogh, no han tenido tanta suerte) pero sin duda intentan acallarnos, censurarnos, ocupando todos los medios (desde la intimidación hasta las demandas). Mas no debemos ceder: quien acepta que otro sea silenciado, puede que más temprano que tarde se vea en la misma situación. No debemos ceder terreno.

   Lo digo porque hoy nuevamente se ha sabido de otro bloggero censurado. ¿Hasta cuando atacan nuestra libertad de expresarnos y criticar?

PD: Del poema me enteré en In Partibus Infidelium

Cuando los “laicistas” se transforman en censuradores: ahora es el turno del Papa

benedicto_xvi.jpgQue la supuesta cultura “laica” de Europa es un fraude, y que la censura contra cualquiera que se manifieste contra el Islam o a favor del cristianismo es cada vez más fuerte, son cosas que ya no nos sorprenden (Más censura en la blogosfera y fuera de ella)

   Pero ahora han vuelto a salir a la luz pública con fuerza debido a que el Papa debió cancelar una conferencia que iba a dictar en la Inauguración del año académico 2008 en la Universidad de la Sapienza, una de las “más prestigiosas” de Roma debido a una carta de protesta de algunos de los profesores y alumnos de la Universidad. (A propósito, saben quien creó esta Universidad… Bonifacio VIII, otro representante de la colectividad-religiosa-oscurantista-enemiga-de-la-humanidad)

   Ofrezco en éste artículo, primero, una pequeña revisión de la noticia, y luego la transcripción de la polémica conferencia pronuncada en 1990 que ha originado el conflicto, a fin de que el lector curioso y verdaderamente interesado en tener un  buen juicio del asunto tenga toda la información necesaria.

Partamos con la noticia contada de forma “oficial”:

Las cosas que ha ido diciendo Benedicto XVI en los últimos años, o en su reciente encíclica, contra los presuntos males de la razón, la ciencia o la Ilustración le pueden pasar factura por primera vez. En un gesto realmente poco habitual en Italia, donde son muy raros los enfrentamientos abiertos contra el Papa en una institución, un buen número de profesores de la universidad La Sapienza de Roma, el primer centro académico de la capital, se han puesto en pie de guerra contra el pontífice. Ratzinger está invitado a inaugurar el curso pasado mañana y 67 docentes de Física y otras facultades han enviado una carta al rector para que anule su intervención. El motivo, unas teóricas opiniones suyas contra Galileo pronunciadas en 1990, citando a un autor que definía «justo y razonable» el proceso al que le sometió la Iglesia.Juan Pablo II pidió perdón en 1992 por el juicio al genio renacentista. Él y Pablo VI ya visitaron La Sapienza sin problemas. Pero con Ratzinger parece distinto. «Son palabras que, en cuanto científicos fieles a la razón y que dedican su vida a la difusión de los conocimientos, nos ofenden y nos humillan», afirman los docentes. Por eso piden anular el acto, «en nombre del laicismo de la ciencia y la cultura». Sobre la frase del Papa ya hay cierto debate, pues podría suceder lo ocurrido con el famoso discurso de Ratisbona, en 2005, que indignó a parte del islam y en el que, curiosamente, Ratzinger defendía la razón contra el fanatismo religioso. Desde la Iglesia se afirma que las palabras sobre Galileo están sacadas de contexto y Radio Vaticana ha tachado la iniciativa de «intento de censura».

 En resumidas cuentas: la culpa es del Papa, por ser un retrógrado, seguir cuestionando el credo dogmático del positivismo, y no tragarse aquello de que la cencia por si sola nos hace “progresar” (como si la bomba atómica no hubiese demostrado lo suficiente…). El problema son las “cosas que ha venido diciendo los últimos años”, es decir, la posición de la Iglesia Católica, inaceptable para la sociedad progre. Dudo que siquieraa hayan leído la Encíclica que citan.

La novedad es que ahora 67 académicos, en una Universidad que es la más grande de Europa y tiene más de 5000, resultan ser un “buen número de profesores”. Esperenme un poco, pronto voy a comentar los argumentos de estos “intelectuales”, pero me falta citar a los alumnos… (esta siempre es la mejor parte)

Los estudiantes, de la llamada ‘Red de autoformación’, exigían garantías a las autoridades de la institución docente para poder manifestarse el jueves contra la visita dentro de la ciudad universitaria, donde se encuentra el Aula Magna, en la que el Papa tenía previsto pronunciar su discurso.

‘Queremos manifestar nuestro disenso y que la ciudad universitaria sea un lugar libre, sin zonas de exclusión’, dijo un portavoz de los jóvenes, que colocaron pancartas en las que se leía ‘La ciencia es laica’, ‘La Sapienza rehén del Papa’, ‘No Papa’ y ‘Benedicto XVI quédate en el Vaticano’.

Ven, como siempre, no decepcionan… quieren una Universidad “sin zonas de exclusión”, sin embargo encuentran legítimo excluir al Papa abiertamente diciéndole “quédate en el Vaticano”. Sin más comentarios. Dan pena. Me gustaría decir que son pobres ignorantes, pero a la vez me dan rabia porque dejan mal parados a los jóvenes.

Ahora vamos a los argumentos de los “sabios”, los “científicos fieles a la razón” que no soportan un debate con una de las personas mas cultas de nuestra época, que han corrompido el cerebro de estos pobres moluscos (si es que aún los tienen, y no se han atrofiado producto de la televisión y el alcohol…) Las críticas de ellos apuntan a una conferencia dada por Ratzinger cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 15 de febrero de 1990, justamente en la Universidad de la Sapienza, titulada “La fe y las convulsiones socio-políticas contemporáneas”.

En esta conferencia, el Papa conmienza analizando porqué se produjo la caída del marxismo, y más allá de las causas económicas o políticas, el Papa sitúa la falla del marxismo en su materialismo dialéctico, es decir, en descartar el factor “espíritu” al momento de hacer política, considerar al hombre sólo un engranaje. Luego se refiere al positivismo, y a la fe ciega en la ciencia, haciendo un paralelo y llegando a conclusiones semejantes, es decir, en oposición a los pensamientos materialistas, se debe reencontrar un Ethos, el hombre no puede renunciar a su espiritualidad. Lo que nos lleva a un resurgir de la fe. La fe como elemento que le otorga sentido al mundo (sentido que por supuesto la ciencia es incapaz de entregar).  Luego de este análisis, el Papa resalta tres aspectos que evidencian un proceso en Occidente que concierne a la fe: la crisis de la fe en la ciencia, la nueva exigencia de espiritualidad y de ética, y la nueva sed de religión.

 Transcribo el primero de estos puntos, donde está la polémica en torno a Galileo, para que cada uno se haga su juicio:

La crisis de la fe en la ciencia

En el último decenio, la resistencia de la creación a ser manipulada por el hombre, se ha coinvertido en un  nuevo componente de la situación espiritual. La pregunta sobre los límites de la ciencia y las medidasa las cuales ésta debe atenberse se ha hecho ineludible. me parece particularmente significativo del cambio en el clima intelectual el giro que se ha producido en el modo de juzgar el caso Galileo.

Este hecho, poco resaltado en el siglo XVII, fue elevado en el siglo siguiente a mito del Iluminismo. Galileo aparecía como la víctima del oscurantismo medieval conservado en la Iglesia. Bien y mal se oponen divididos por un corte tajante. Por una parte encontramos la Inquisición, el poder que encarna la superstición, el adversario de la libertad de conciencia. Por la otra, la ciencia natural, representada por Galileo, como el poder del progreso  y de la liberación del hombre de las cadenas de la ignorancia, que lo mantenían impotente frente a la naturaleza. La estrella de la modernidad brilla en la noche del oscuro medioevo.

Curiosamente Ernst Bloch, con su marxismo romántico, uno de los primeros en oponerse abiertamente a tal mito, y en ofrecer unja nueva interpretación lo ocurrido.

Según Bloch, el sistema heliocéntrico -al igual que el geocéntrico- se funda sobre presupuestos indemostrables. En esta cuestióin desempeña un papel importantísimo la asfirmación de la existencia de un espacio absoluto, cuestión que actualmente la teoría de la relatividad ha desmentido. Éste escribe textualmente: «desde el momento en que, con la abolición del presupuesto de un espacio vacío e inmóvil, no se produce ya movimiento alguno en éste, sino simplemente un movimiento relativo de los cuerpos entre sí, y su determinación depende del cuerpo asumido como en reposo, también se podría, en el caso de que la complejidad de los cálculos resultantes no mostrara a éste como improcedente, tomar, antes o después, la Tierra como estática y el sol como inmóvil»

La ventaja del sistema heliocéntrico con respecto al geocéntrico no consiste entonces en una mayor correspondencia con la verdad objetiva, sino simplemente en una mayor facilidad de cálculo para nosotros. Hasta aquí, Bloch expone sólo una concepción moderna de la ciencia natural. Pero resulta sorprendente la evaluación que nos ofrece de ella: «Tras quedar fuera de toda duda la relatividad del movimiento, un sistema de referencia humano -o un antiguo sistema de referencia cristiano- no tiene derecho alguno de immiscuirse en los cálculos astronómicos ni en sus implicaciones heliocéntricas; sin embargo si tiene el derecho metódico de preservar las relaciones de significación humana en esta Tierra, y de organizar el mundo relación con cuanto ha ocurrido y ocurre sobre la Tierra»

Si aquí ambas esfereas metódicas se reconocen claramente diferenciadas, en sus límites y en sus respectivos derechos, mucho más drástico aparece un juicio sintético del filósofo agnóstico y excéptico P. Feyerabend. Éste escribe: «La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales d ela doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y sólo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión».

Desde el punto de vista d elas consecuencias concretas d ela obra galileana , C. F. von Weizsäcker, por ejemplo, da un paso adelante cuando ve un «camino directísimo» que conduce desde Galileo hasta la bomba atómica. Para mi sorpresa, en una reciente entrevista sobre el caso Galileo, no se me formuló pregunta alguna del tipo: «¿Por qué la Iglesia ha pretendido obstaculizar el desarrollo de las ciencias naturales?», sino precisamente la opuesta: «¿Por qué la Iglesia no ha asumido una posición más clara contra las consecuencias negativas que tendrían que producirse por fuerza una vez que Galileo abrió la “Caja de Pandora”?»

Sería ingenuo construir, sobre lá única base de estas afirmaciones, un apresurada apologética: La fe no crece a aprtir del resentimiento y d ela refutación de la realidad, sino de su afirmación fundamental, y de su inscripción en una racionalidad más amplia. Sobre esto volveremos más adelante. Ahora deseo recordarlo sólo como un caso sintomático que evidencia hasta qué punto el autocuestionamiento de los modernos que abarca también la ciencia y la técnica es profundo.

Como siempre, le Papa demuestra verdadera agudeza intelectual, si se lo compara con los académicos de Opereta con los que nos encontramos a cada minuto. Es incríble que los profesores de Física de tan “prestigiosa Universidad” no reconozcan el pequeño absurdo que hay en torno a esto del heliocentrismo y geocentrismo, tal como está expuesto en el análisis de Bloch (que no del Papa).

Por lo demás,  hasta citar se ha convertido en un crimen, como ya nos había quedado en evidencia con todo esto del discurso en Ratisbona. (Parece que hay ciertas cosas que quieren sacarse de la historia… que nadie haga referencia a ellas para que se olviden, para que así podamos vivr tranquilos en nuestra visión inventada de la sociedad donde socialismo-ciencia-laicicismo son los salvadores del mundo)

El profesor (judío) Giorgio Israel, de la Universidad de la Sapienza, ha salido en defensa del Papa frente a los laicistas hipócritas. En L’Osservatore Romano afirmó:

“Lo que Cini [uno de los intelectuales opuestos a la visita papal] considera ‘peligroso’ es el hecho que el Papa trate de abrir el diálogo entre fe y razón, que restablezca la conexión entre las tradiciones judeo-cristiana y griega, y que afirme que ciencia y fe no están separadas por una pared impenetrable”

“Entonces, la oposición a la visita del Papa –prosigue Israel– no está motivada por un principio abstracto del secularismo. La oposición es de naturaleza ideológica y tiene a Benedicto XVI como objetivo específico por hablar sobre la ciencia y la relación entre ésta y la fe, en vez de limitarse a hablar sobre fe”.

[…]

De acuerdo al matemático, la cita de un científico agnóstico y de otros no fueron usadas por el entonces Cardenal para defender a la Iglesia, sino para “subrayar el punto sobre cómo la modernidad se ha vuelto dubitativa de sí misma así como de la ciencia y la tecnología actuales”. En otras palabras, lo que el Papa dijo en aquella ocasión “era una clara defensa de la racionalidad de Galileo contra el escepticismo y el relativismo de la cultura postmoderna”, añadió.

Para Israel tal “desatenta, superficial y descuidada lectura” de la conferencia del Papa de 1990 debería ser considerada “una vergüenza y un error profesional“.

“Pero temo que aquí el rigor intelectual tenga poco que ver y que la intención es construir una barrera a cualquier costo”, especialmente si se tiene en cuenta que algunos de los firmantes de la carta contra el Papa “nunca han expresado una palabra crítica contra el fundamentalismo islámico o contra quienes niegan la Shoah (holocausto judío)”, continua.

Muy bien dicho, Sr. Israel. Los mismos señores que encantados reciben a Ahmadineyad cuando niega el holocausto. Los mismo piden disculpas por las caricaturas de Mahoma y guardan silencio de la ola de asesinatos que las siguió, y a la vez viven riéndose del cristianismo. Sí, los mismos cobardes. Porque los católicos nunca los han amenazado con degollarlos. Por eso.

No sé si vale la pena seguir comentando los horrores de este laicismo estéril, que ya se niega  a la idea misma de la fe (cristiana, por supuesto, ya que esa es la dominadora, agresiva y culpable de todos los crímenes de la humanidad… el Islam no lo toque mejor, mire que podría arruinar el multiculturalismo) y que no soporta llevar un debate. Pero es una evidencia más de que la Razón está en crisis.

Clonación de Híbridos: ¿Hay que ponerle límites a la ciencia?

   Recientemente, la Autoridad de Fertilización Humana y Embriología (HFEA en sus siglas en inglés) del Reino Unido ha dado la autorización a los científicos de su país para implantar núcleos humanos en óvulos de vaca.

   Estos nuevos seres serían 99% humanos y 1% animales (vacas, en éste caso. El 1% corresponde al ADN mitocondrial, que está fuera del núcleo)

   Los científicos pretenden que esto es un simple tema de “progreso”, de “avances científicos”, de hacer siempre más y más sin tener límites. Tratan de despreciar así el dilema ético que esto plantea…

   Sin embargo ¿Adónde nos pueden llevar modificaciones a este nivel de los procesos naturales (tan complejos que actualmente los comprendemos sólo en parte)? ¿Somos capaces de prever las consecuencias que esto puede traer? ¿Es legítimo intervenir la raíz misma de lo que somos, nuestra información genética?

   Lo que quiero es compartir con ustedes un texto de la genial Oriana Fallaci en torno a éste tema. Atea declarada, fue tratada hasta de “sierva del Vaticano” por decir algo que es evidente: las ansias de la ciencia por hacerlo todo yendo más allá de los límites impuestos por la prudencia y la razón puede encerrar nuestra propia destrucción, o algo peor.

Nosotros los caníbales (investigación con embriones)

Oriana Fallaci
Artículo publicado en El Mundo, los días 9 y 10 de junio de 2005
Traducción: José Manuel Vidal

Italia celebrará un referéndum los días 12 y 13 de junio donde los ciudadanos de ese país decidirán si quieren que se permita la investigación con embriones humanos, si se profundiza el desarrollo científico en áreas como la fertilización asistida y las pruebas con células madres. […] [A raíz de éste, Oriana Fallaci publicó en el Corriere della Sera el artículo que se reproduce a continuación]

No, no me gusta este referéndum en el que los mecenados del doctor Frankenstein votarán por simple partidismo político o miopía moral. Es decir, sin razonar con su propia cabeza, sin escuchar a la propia conciencia e, incluso, sin conocer el significado de las palabras células–madres–ovocito–blastocito–heterólogo–clonación, y ciertamente sin preguntarse o sin entender qué hay detrás de la ofensiva en pro de la libertad ilimitada de la investigación científica. De hecho, el 12 de junio no utilizaré mi derecho al voto, y con todo el corazón deseo que la ofensiva fracase estrepitosamente. Un deseo que se reforzó el día en que en el Liceo Mamiani de Roma el más autorizado promotor de las cuatro preguntas referendarias hizo una broma que parece un chiste del jefe de los payasos del viejo teatro de variedades: «Si el embrión es vida, masturbarse es un suicidio» (Señor mío, a los estudiantes debería haberles hablado de libertad y no de masturbación. Les habría debido recordar lo que dice Platón en el Libro VIII de la República, cuando escribe que de la libertad degenerada en libertinaje nace y se desarrolla una mala planta: la mala planta de la tiranía. No se trata aquí de masturbarse. Se trata de explicarle a la gente que la libertad ilimitada, es decir sin freno alguno y sin ningún sentido moral, ya no es Libertad sino libertinaje. Inconsciencia, arbitrio. Se trata de clarificar que, para mantener la Libertad, hay que ponerle límites con la razón y con el sentido común. Con la ética. Se trata de reconocer las diferencias que hay entre lo lícito y lo ilícito). No me gusta este referéndum, porque aparte del astuto chantaje con el que la llamada clonación terapéutica justifica sus perversidades, es decir promete curar enfermedades, amén del obvio cuento de siempre que con ese chantaje se llena los bolsillos (por ejemplo, la industria farmacéutica, cuyo cinismo supera al de los mercaderes de armas), detrás de este referéndum hay, además, un proyecto o, incluso, un objetivo inaceptable y terrible. El proyecto de reinventar al Hombre en el laboratorio, transformarlo en un producto para vender, como un bistec o una bomba. El propósito de sustituir a la Naturaleza, manipular la Naturaleza, cambiar o, incluso, desfigurar las raíces de la Vida, deshumanizarla masacrando a las criaturas más inermes e indefensas.

Sigue leyendo

Un libro llamado Inshallah… (3)

orianafallaci2.jpg¿Cómo introducir este texto? Quizás debo limitarme a contextualizarlo: se encuentra dentro del libro Inshallah, de Oriana Fallaci. El libro trata sobre la guerra (y, específicamente, sobre la Guerra Civil Libanesa). Cuenta la historia del contingente italiano apostado en Beirut bajo el mandanto de Naciones Unidas, desarrollándose la historia de forma coral.  Uno de los personajes aparece tangencialmente en el relato, casi como un espectador: es llamado simplemente como “el Profesor”, y resulta ser el alter ego de Oriana (decidi incluir en este texto el fragmento en que eso se explica también).  El fragmento que transcribo corresponde prácticamente al final del libro, por lo tanto no es recomendable para quien pretenda leerlo (aunque el daño no es grave: el desenlace no es lo más importante de una novela, y en ésta menos…). Corresponde a la tercera carta enviada por el Profesor a su esposa (aunque ésta tambien es ficticia…)

   ¿De qué se habla aquí? Principalmente sobre el Destino, Dios, la Guerra, el Bien y el Mal, el papel del escritor… en fin… obre la vida. Que lo disfruten.

«En cuanto al “casi” que separa la certeza absoluta de la probabilidad rayana en la certeza, se llama destino: Inshallah. Como Dios quiera, como Dios guste, Inshallah.” En una palabra, me ha dejado sin respuesta. Y después ha hecho algo peor. Porque ante la pregunta de si había encontrado la fórmula que buscaba, la fórmula de la Vida, ha respondido: “Sí. Se la acabo de dar. Es la palabra Inshallah. Pero yo la detesto, la aborrezco como la palabra destino: símbolo ambas de una impotencia y una resignación que asesinan el concepto de libertad y responsabilidad. De todos modos, para aceptarla, para creer en ella, aún debo repudiar la fórmula de la Muerte.” Cariño, la acepte o no él, crea en ella o no, también yo detesto la palabra destino: la palabra Inshallah. La mayoría ven en ella esperanza, buenos auspicios, confianza en la misericordia divina. En cambio yo, como él, no veo en ella sino sumisión, resignación, impotencia y renuncia a uno mismo. Padre-Celestial, Señor-Omnipotente, Jehová, Alá, Brahma, Baal, Adonai, o-como-te-llames: elige-tú-por-mí, decide-tú-por-mí. No señor, yo me niego a delegar en Dios mi voluntad y mi pensamiento. Me niego a renunciar a mí mismo y resignarme. Un hombre resignado es un hombre muerto antes de morir, y yo no quiero estar muerto antes de morir. ¡No quiero morir ya muerto! ¡Quiero morir vivo! Sigue leyendo

Relatividad, no relativismo

Einstein, un científico que creía de corazón en la existencia de la verdad de valor universal y en que era posible alcanzar la certidumbre racional, vio en vida como su teoría fue víctima de un fatal equívoco, y de cómo las masas vinieron a confundir la relatividad física con el relativismo moral, quizás en el mayor ejemplo historico de la ‘ley de consecuencia involuntaria’

einstein.jpg   Estoy leyendo Tiempos Modernos, del británico Paul Johnson. Se trata de una historia del siglo XX, cuyo primer capítulo se titula “Un mundo relativista” y dice así:

   “El mundo moderno comenzó el 29 de mayo de 1919, cuando las fotografías de un eclipse solar, tomadas en la isal del Príncipe, frente al África occcidental, y en Sobral, Brasil, confirmaron la verdad de una nueva teoría del Universo”[1]

   Por supuesto, el autor se refiere a la Teoría de la Relatividad de Einstein. Pero ¿Por qué debería ser éste el comienzo de la época moderna?

   Para Johnson, la Mecánica Newtoniana fue marco del “Iluminismo Europeo, la Revolución Industrial y la vasta expansión del conocimiento, la libertad y la prosperidad de la humanidad que alcanzó el siglo XIX”. Mas empezó a mostrar deficiencias con el advenimiento de telescopios más poderosos (que revelaron una desviación de Mercurio no prevista por la mecánica clásica) y principalmente por el famoso experimento de Michelson y Morley que estableció la inavarianza de la rapidez de la luz.

   Fue en este contexto que apareció Albert Einstein, quien explicó por qué en ciertas circunstancias las distancias parecen contraerse y los relojes aminorar la velocidad, en la posteriormente llamada “Teoría especial de la relatividad”. Pero no se quedó ahí: “Ni siquiera el comienzo de la guerra en Europa impidió que los científicos prosiguieran la búsqueda, promovida por Einstein, de una Teoría Genereal de la Relatividad, que abarcara los campos gravitatorios, y permitiera una revisión integral de la física newtoniana”[2].

   Y fue esta última teoría la comprobada por Arthur Eddington en 1919, constatando con el eclipse solar que “un rayo de luz que rozara la superficie del sol debía desviarse 1,745 segundos de arco, dos veces la desviación gravitatoria indicada por la teoría newtoniana”[3].   Cuando los resultados se anunciaron ante la Sociedad Real, en Londres, Whitehead, presente, dijo: “Éramos el coro que comentaba el decreto del destino revelado en el desarrollo de un incidente supremo. Había cierta dignidad dramática en la escenografía misma: el ceremonial tradicional, y en el trasfondo la imagen de Newton recordándonos que la más grande de las generalizaciones científicas ahora, por primera vez después de dos siglos, sería modificada… al fin  había comenzado uan gran aventura del pensamiento“.

   Einstein «debía ilustrar lo que Karl Popper denominaría más tarde la ‘ley de consecuencia involuntaria’. Muchísimos libros trataron de explicar claramente de qué modo la Teoría General había modificado los conceptos newtonianos  que informaban la comprensión del mundo en los hombres y las mujeres comunes, y cómo funcionaba. El propio Einstein la resumió así: ‘En su sentido más amplio, el Principio de la Relatividad está contenido en el enunciado: La totalidad de los fenómenos físicos tiene un carácter tal que no permite la introducción del concepto de movimiento absoluto; o, más breve pero menos exacto: No hay movimiento absoluto.’ […]

   Pero a los ojos de la mayoría de la gente, para la cual la física newtoniana, con sus líneas rectas y sus ángulos rectos, era perfectamente inteligible, la relatividad nunca fue más que una imprecisa causa de inquietud. Se entendía que el tiempo absoluto y la longitud absoluta habían sido derrocados; el movimiento era curvilíneo. De pronto, pareció que nada era seguro en el movimiento de las esferas. ‘El mundo está desquiciado’, como observó entristecido Hamlet. […] A principios de 1920 comenzó a difundirse, por primera vez en un ámbito popular, la idea de que ya no existían absolutos: de tiempo y espacio, de bien y mal, del saber, y sobre todo de valor. En un error quizás inevitable vino a confundirse la relatividad con el relativismo.

Sigue leyendo