"Una historia de amor y oscuridad" (2)

Continuando lo iniciado aquí, ofrezco otro fragmento de esta obra: un relato que aparece en boca de la “tía Sonia”, hermana de la mare de Amós. Se refiere a su juventud en Rovno, Polonia; al antisemitismo y el ambiente que se vivía en la Europa de antes de Hitler; al anhelo judío de la Tierra Prometida; a los sueños rotos…

 

El miedo que reinaba en todas las casas judías, el miedo del que casi nunca se hablaba pero que nos habían metido en el cuerpo como un veneno, gota a gota, era el miedo terrible a no ser realmente personas lo bastante limpias, a que de verdad fuéramos demasiado molestos y engreídos, demasiado astutos y avaros. A lo mejor era cierto que nuestros buenos modales desentonaban. Había un miedo mortal, el miedo de causarles mala impresión a los gentiles y que entonces se enfadasen y nos volvieran a hacer cosas terribles en las que era mejor ni pensar.

Mil veces les repetían a los niños judíos que se comportaran bien con ellos, con educación, aunque fuesen groseros o estuviesen borrachos, que de ninguna manera les hiciesen enfadar, no había que discutir ni regatear con un gentil bajo ningún concepto, que estaba prohibido irritarles, mostrarse altivos, que siempre había que hablarles en voz baja y sonriendo, para que no dijeran que éramos escandalosos, y hablar siempre en un polaco correcto, para que no dijeran que corrompíamos su lengua, pero que tampoco había que hablar polaco muy culto, para que no dijeran que queríamos llegar demasiado lejos, para que no dijeran que éramos ambiciosos y para que de ningún modo dijeran que teníamos manchas en la ropa. En resumen, que debíamos hacer todo lo posible por causarles una buena impresión, porque bastaba con que un niño, uno sólo, no se lavase bien la cabeza y tuviese piojos, para crearle mala fama a todo el pueblo judío. Ni siquiera así nos soportaban, así que estaba completamente prohibido darles más motivos para no soportarnos.

Vosotros, los que habéis nacido aquí [en Eretz Israel], jamás podréis comprender como ese goteo va poco a poco distorsionando los sentimientos, como una herrumbre inexorable que fuera comiéndose poco a poco tu humanidad, convirtiéndote en un hipócrita, un mentiroso y un pícaro, igual que un gato. A mí no me gustan mucho los gatos. Los perros tampoco. Pero si tengo que elegir, prefiero a los perros. Los perros son como los gentiles, enseguida ves lo que piensan y lo que sienten. El judío de la diáspora era un gato, en el peor sentido, ¿entiendes a lo que me refiero?

Pero lo que más miedo daba era la chusma. Lo que podía pasar entre un gobierno y otro, por ejemplo, si los polacos era expulsados y los comunistas ocupaban su lugar: se temía que en ese intervalo volvieran a aparecer las bandas de ucranianos o de bielorrusos o la muchedumbre polaca instigada o, más al norte, los lituanos. Era un volcán en constante y lenta erupción y siempre olía a humo. “En la oscuridad afilan los cuchillos”, se decía sin precisar quién, pues podían ser tanto los unos como los otros. La muchedumbre. También aquí, en Eretz Israel, se ha podido apreciar que la muchedumbre judía puede ser un monstruo.

A los únicos que no temíamos mucho era a los alemanes. Recuerdo que en el 34 o el 35 yo era la única de la familia que seguía en Rovno, para terminar mis estudios de enfermería, en el 35 aún había bastantes entre nosotros que esperaban que legase Hitler, decían que con él al menos habría leyes y disciplina, y cada uno sabrían donde estaba su sitio, que no importaba mucho lo que Hitler dijera, lo importante era que allí, en Alemania, había impuesto un orden alemán ejemplar y que la chusma temblaba ante él. Lo importante era que con Hitler al menos no habría tumultos callejeros y anarquía; entre nosotros aún se pensaba entonces que la anarquía era la peor situación posible: la mayor pesadilla era que los sacerdotes comenzaran un día a instigar en las iglesias diciendo que la sangre de Jesús volvería a ser derramada por culpa de los judíos y comenzasen a replicar sus pavorosas campanas, y los campesinos los escucharan, se llenaran la barriga de aguardiente, cogieran las hachas y las horcas y empezara todo.

Nadie imaginaba lo que realmente iba a suceder, pero en los años veinte casi todo el mundo sabía que los judíos no tenían futuro ni con Stalin, ni en Polonia ni en ningún lugar de Europa del Este y, por tanto, fue tomando fuerza la idea de marchar en dirección a Eretz Israel. Por supuesto, no todos pensaban así, los ultraortodoxos se oponían tajantemente, y los bundistas, los yiddishtas, los comunistas y los asimilados, que se consideraban más polacos que Pederevsky y Moycechovsky, pero muchas personas normales de Rovno en los años veinte se preocuban de que sus hijos estudiaran hebreo y fueran al instituto Tarbut. Los que tenían dinero mandaban a sus hijos a estudiar a Haifa, a la Universidad Politécnica, o al instituto de Tel Aviv, o a las escuelas agrícolas, y los ecos que nos llegaban de vuelta de Eretz Israel eran sencillamente maravillosos: los jóvenes sólo esperábamos que nos llegara el turno. Mientras tanto, todos leíamos periódicos en hebreo, discutíamos, cantábamos canciones de Eretz Israel, recitábamos poemas de Bialik y Tchernijovsky, nos dividíamos en montones de partidos y grupos, confeccionábamos uniformes y banderas, había una gran pasión por todo lo nacional. Se parecía mucho a lo que ocurre hoy con los Palestinos, pero sin el derramamiento de sangre que ellos provocan. En el pueblo judío hoy apenas se aprecia un espíritu nacional así.

Por supuesto, conocíamos las duras condiciones de vida en Eretz Israel: sabíamos que hacía mucho calor, que había desierto y pantanos, que faltaba trabajo, y sabíamos que había árabes pobres en los pueblos, pero veíamos en el gran mapa que colgaba en la pared de la clase que los árabes no eran muchos, habría entonces aproximadamente medio millón, con seguridad menos de un millón, y existía la total certeza de que había sitio para unos cuantos millones de judíos más, y que a los árabes tal vez se les instigaría contra nosotros, como al pueblo llano de Polonia, pero podríamos explicarles y convencerles de que de nosotros sólo obtendrían beneficios, beneficios económicos, sanitarios, culturales y otros muchos. Creíamos que pronto, en unos pocos años, los judíos serían mayoría en Eretz Israel y entonces le mostraríamos al mundo entero una conducta ejemplar con la minoría árabe: nosotros, que siempre habíamos sido una minoría oprimida, nos comportaríamos con la minoría árabe con honestidad y justicia, con generosidad, participaríamos con ellos en la construcción de la patria, compartiríamos todo con ellos y de ningún modo los convertiríamos en gatos. Era un bonito sueño.

Oz, Amos, 1939- .   Una historia de amor y tiniebla /.  Madrid : : Eds. Siruela,, 2004..[traducción del hebreo de Raquel García Lozano.]  pp 239-241

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"Una historia de amor y oscuridad"

amosozEstoy leyendo hace bastante tiempo este libro de Amós Oz (que fue candidato al premio Nobel de literatura). Es un relato autobiográfico, principalmente centrado en la infancia y juventud del autor; mas el relato no queda limitado a esto: en boca de varios personajes, mira hacia atrás, hacia el pasado tanto de la familia paterna como la materna de Oz, que se desarrolló en la Europa de fines del siglo XIX, principios del XX. Se configura entonces un relato amplísimo, en el que queda reflejado las aspiraciones y circunstancias de vida de los judíos de la diáspora, las persecuciones sufridas, los anhelos de una vida mejor en la Tierra Prometida, la concreción de este sueño y  el desengaño, al ver el choque entre la utopía y la realidad.

No me gustaría que pensaran que todo el libro se desenvuelve en torno a temáticas políticas o que es un simple panfleto: de hecho, los acontecimientos políticos se narran simplemente como telón de fondo, pero a mi no pueden dejar de llamarme la atención. En otra entrada pondré algunos pasajes de temática más literaria, pero ahora los dejo con un pequeño fragmento más bien histórico, especialmente para que lean el último párrafo, ya que habla un poco sobre la Eurabia  de hoy:

Mi padre y sus padres se dirigieron finalmente a Jerusalén: el hermano de mi padre, el tío David, su mujer Malka y su hijo Daniel, que había nacido un año y medio antes, se quedaron en Vilma: mi tío David, a pesar de ser judío, consiguió muy joven el puesto de profesor de literatura en la Universidad de Vilna. Era un europeo convencido en una época en que nadie en Europa era europeo, salvo los miembros de mi familia y otros judíos semejantes a ellos. Los demás eran paneslavistas, pangermanistas, o simplemente patriotas lituanos, búlgaros, irlandeses o eslovacos. Los únicos europeos de toda Europa en los años veinte y treinta eran los judíos.(…)

El tío David era un eurófilo evidente y convencido, especialista en literatura comparada, en literaturas europeas que eran su patria espiritual. No entendía por qué tenía que renunciar a su puesto y emigrar al Asia oriental, un lugar extraño y desconocido para él, sólo para cumplir los deseos de unos antisemitas ignorantes y de unos bandidos nacionalistas sin cerebro. Por lo tanto, se quedó en su cargo, con el fin de servir al progreso de la cultura, el arte y el humanismo que no tiene límite, hasta que los nazis llegaron a Vilna: los judíos, los intelectuales, los cosmopolitas y los amantes de la cultura no eran de su agrado, y por eso asesinaron a David, a Malka y a mi pequeño primo Daniel (..)

Hoy Europa ha cambiado completamente, hoy está llena de europeos de pared a pared. Por cierto, también las cosas que se escriben en las paredes europeas han cambiado radicalmente de forma: cuando mi padre era joven y vivía en Vilna, en todas las paredes de Europa ponía: “Judíos, marchaos a Palestina”. Hace unos cincuenta años, cuando mi padre volvió a visitar Europa, las paredes le gritaron: “Judíos, marchaos de Palestina”.

 Oz, Amos, 1939- .   Una historia de amor y tiniebla /.  Madrid : : Eds. Siruela,, 2004..[traducción del hebreo de Raquel García Lozano.]  pp 88-89

Europa: Un continente enfermo

   Acabo de terminar de leer La obsesión  antiamericana, de Jean-Fraçois Revel. Libro interesantísimo, que revela la agudeza intelectual del autor, analizando las “dinámicas, causas e incongruencias” del antiamericanismo, ideología de moda entre los políticos e intelectuales del mundo (el análisis de Revel se centra principalmente en Europa, y aun más específicamente en su Patria, Francia).

   Pensaba en transcribir partes del libro, pero el tiempo es escaso y yo soy particularmente lento digitalizando textos. Les dejo aquí la introducción, pero les cuento que lo que la sigue es mucho mejor.

   Revel termina su libro concluyendo que el antiamericanismo se transforma en un medio de la clase política Europea para evadir sus responsabilidades: el mal del mundo es culpa del gran Lucifer, esa América capitalista, enajenada, materialista a ultranza, donde el individuo no vale, sino el dinero; hipócritamente puritana; nación soberbia e “imperialista”. Así, Europa evade sus responsabilidades en el mundo, y muchas veces hace nacer sus fracasos en la política americana, ocultando que son de su entera responsabilidad .

   Coincide un poco (en verdad, bastante) con éste análisis de Paul Johnson sobre la Unión Europea, que he encontrado dando vueltas en Internet. Trata una temática que se ha visto actualizada, ya que habla del fallido proyecto de Constitución Europea (es decir, de esa desgracia que quiere imponer a Europa y al Mundo un cargo de “Presidente de la UE”) y que ha tratado de ser aprobado ahora de espaldas al pueblo europeo bajo la ficción jurídica del “Tratado de Lisboa” (lo mismo pero con otro nombre).

   Recuerdo además mi tímida defensa de los Estados Unidos, que suscitó ataques coléricos de parte de los seguidores de Chomsky, Moore, Chirac, y cía.

   Aquí el texto de Johnson:

Un continente enfermo

Paul Johnson

No se puede negar que Europa sea una entidad enferma y que la Unión Europea como institución se encuentre en crisis. Pero ninguno de los remedios actualmente en discusión pudiera remediar esto. Lo que debía deprimir a los partidarios de la unidad europea tras el rechazo de su propuesta constitución por Francia y Holanda no es tanto el naufragio de este ridículo documento sino la respuesta que ha dado la dirección a la crisis, especialmente en Francia y Alemania.

Jacques Chirac reaccionó nombrando como Primer Ministro a Dominique Villepin, un frívolo playboy que nunca ha sido electo para nada, y es más conocido por su opinión de que Napoleón debió de haber ganado la batalla de Waterloo y seguir gobernando Europa. Gerhard Schroeder de Alemania simplemente incrementó su retórica antiamericana. Lo que es notoriamente evidente en la elite de la UE no es sólo la falta de capacidad intelectual sino una obstinación y una ceguera rayana en la imbecilidad. Como dijera el gran poeta europeo Schiller: “Hay un tipo de estupidez con el que hasta los dioses luchan en vano.”

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Aristóteles en Mont Saint-Michel

   Uno de los artículos más visitados de este blog es “Islam ¿Cultura superior?“. Lo que planteaba ahí es que la tesis de que los musulmanes trajeron la filosofía griega a una Europa hundida en la ignorancia y el oscurantismo, en otras palabras, la tesis del Renacimiento Andalusí defendida por los historiadores de la dhimmitude, era una tontería.

   Ahora, he leído, ha través de In Partibus Infidelium, un artículo de Forum Libertas sobre el tema: un historiador, Sylvain Gouguenheim, ha llevado la discusión al ámbito académico, y con su libro “Aristote au Mont Saint-Michel” prueba que la cultura griega nunca se perdió en Occidente. Reproduzco el artículo:

¿Fue relevante el Islam para conservar y transmitir la cultura griega a los medievales?

El medievalista Sylvain Gouguenheim dice que no. Occidente mantuvo sus raíces griegas, ampliadas desde el cristianismo oriental.

El Islam no salvó a Aristóteles. Los musulmanes medievales de Damasco, Bagdad o Córdoba no salvaron la filosofía griega y la conservaron para dársela a Occidente e iniciar un renacimiento cultural.

Según el último libro del medievalista Sylvain Gouguenheim, profesor de historia medieval de la Escuela Normal Superior de Lyon, el papel islámico en la protección del legado griego no fue decisivo. Occidente, por ejemplo, siempre mantuvo vínculos con el Bizancio cristiano, vínculos por los que circulaban los textos de los antiguos griegos.

Sylvain Gouguenheim quiere romper la idea, común en el imaginario colectivo, de una “era oscura” en que Europa Occidental olvidó la lengua griega y se volcó exclusivamente en el latín. Para ello, en su nuevo libro “Aristote au Mont Saint-Michel”, recuerda algunos épocas duras para Occidente pero en las que no se cortó con el legado griego:

– del año 685 al 752, buena parte de los papas son de origen griego y sirio
– entre el 758 y el 763, el rey franco Pipino el Breve pide al papa Pablo I que le envíe textos griegos, en especial la Retórica de Aristóteles
en Sicilia y Roma nunca faltaron lectores de griego
– Occidente nunca olvidó que los evangelios se escribieron en griego y que los Padres de la Iglesia citaban a los filósofos clásicos
– desde Carlomagno (con Alcuino y su “renacimiento carolingio”) hasta el s.XIII, hubo en Europa varios “renacimientos parciales” cuando las circunstancias lo permitían; en ellos no hubo especial aportación desde el mundo islámico

Gouguenheim defiende que los traductores de la abadía francesa de Mont-Saint-Michel (en su roca hermosamente rodeada de mar cuando sube la marea) tuvieron un papel primordial. Tradujeron casi toda la obra de Aristóteles directamente del griego al latín, y lo hicieron varias décadas antes de que en el Toledo andalusí se vertieran esas mismas obras, Más aún, las traducciones de Toledo no venían del griego, como las de Mont-Sant-Michel, sino de versiones árabes. Para destacar el trabajo de los monjes de Mont-Sant-Michel les dedica el título de su libro.

La abadía de Mont-Saint-Michel (www.lemontsaintmichel.info) hoy está a cargo de la Fraternidad Monástica de Jerusalén, manteniendo la vida de oración

Gouguenheim entiende que los cristianos europeos activamente buscaban en tierras del Islam textos griegos para completar los que ya tenían, y que por lo tanto no sería correcto imaginar un Occidente apoltronado recibiendo de mala gana traducciones griegas a través del árabe.
El medievalista recuerda que sabios musulmanes como el turco Al-Farabi, el persa Avicena o el cordobés Averroes no leyeron a Aristóteles en su griego original sino sólo mediante traducciones al árabe ¡realizadas por cristianos de lengua y rito arameo o siríaco!

Uno de estos traductores cristianos que dominaban el griego y el árabe fue, por ejemplo, el médico Hunayn ibn Ishaq (809-873), cristiano nestoriano en la corte de Bagdad. Muchos le llamaron el “príncipe de los traductores”. En Occidente fue conocido como Johannitius. Fue responsable de traducir del griego al árabe más de 200 obras, especialmente de Galeno, Hipócrates y Platón. De Aristóteles, por ejemplo, pasó al árabe las Categorías, la Física y la Magna Moralia. De Platón, la República y el Timeo. De Dioscórides su Materia Medica. Buena parte del léxico médico en lengua árabe viene del trabajo de este traductor cristiano.

También se recuerda a Hunayn ibn Ishaq por su integridad ética. Se negó a envenenar pacientes a pesar de las presiones del califa Al-Muttawakkil, que lo puso a prueba, primero con sobornos y luego con prisión. Finalmente, le recompensó con honores y riquezas cuando comprobó su honestidad.
Gouguenheim llama la atención sobre la limitada influencia que el pensamiento griego tuvo sobre la cultura islámica. No provocó nada parecido al Renacimiento. El Islam en general no se dejó helenizar en nada, aunque incorporara la palabra “falsafá” al árabe para referirse a la filosofía.

   El análisis de Sylvain Gouguenheim ha impactado a la prensa francesa. En Le Monde escriben: “Contrariamente a lo que se repite en un ‘crescendo’ desde los años 60, la cultura europea, en su historia y en su desarrollo, no debería gran cosa al islam. En todo caso, nada esencial”.
En Le Figaro dicen: “Felicitamos al Señor Gouguenheim por no haber temido recordarnos que hubo un crisol cristiano medieval, fruto de las herencias de Atenas y de Jerusalén”, mientras que “el islam apenas presentó su conocimiento a los occidentales”.
Es un medievalista con enfoques originales que en 1999 publicó Les fausses terreurs de l’an mil (“Los falsos terrores del año mil”), negando que en esa época los medievales vivieran congelados por el miedo al fin del mundo. En 2008 también ha publicado Les Chevaliers teutoniques, sobre esta orden de caballería.

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Cuando los “laicistas” se transforman en censuradores: ahora es el turno del Papa

benedicto_xvi.jpgQue la supuesta cultura “laica” de Europa es un fraude, y que la censura contra cualquiera que se manifieste contra el Islam o a favor del cristianismo es cada vez más fuerte, son cosas que ya no nos sorprenden (Más censura en la blogosfera y fuera de ella)

   Pero ahora han vuelto a salir a la luz pública con fuerza debido a que el Papa debió cancelar una conferencia que iba a dictar en la Inauguración del año académico 2008 en la Universidad de la Sapienza, una de las “más prestigiosas” de Roma debido a una carta de protesta de algunos de los profesores y alumnos de la Universidad. (A propósito, saben quien creó esta Universidad… Bonifacio VIII, otro representante de la colectividad-religiosa-oscurantista-enemiga-de-la-humanidad)

   Ofrezco en éste artículo, primero, una pequeña revisión de la noticia, y luego la transcripción de la polémica conferencia pronuncada en 1990 que ha originado el conflicto, a fin de que el lector curioso y verdaderamente interesado en tener un  buen juicio del asunto tenga toda la información necesaria.

Partamos con la noticia contada de forma “oficial”:

Las cosas que ha ido diciendo Benedicto XVI en los últimos años, o en su reciente encíclica, contra los presuntos males de la razón, la ciencia o la Ilustración le pueden pasar factura por primera vez. En un gesto realmente poco habitual en Italia, donde son muy raros los enfrentamientos abiertos contra el Papa en una institución, un buen número de profesores de la universidad La Sapienza de Roma, el primer centro académico de la capital, se han puesto en pie de guerra contra el pontífice. Ratzinger está invitado a inaugurar el curso pasado mañana y 67 docentes de Física y otras facultades han enviado una carta al rector para que anule su intervención. El motivo, unas teóricas opiniones suyas contra Galileo pronunciadas en 1990, citando a un autor que definía «justo y razonable» el proceso al que le sometió la Iglesia.Juan Pablo II pidió perdón en 1992 por el juicio al genio renacentista. Él y Pablo VI ya visitaron La Sapienza sin problemas. Pero con Ratzinger parece distinto. «Son palabras que, en cuanto científicos fieles a la razón y que dedican su vida a la difusión de los conocimientos, nos ofenden y nos humillan», afirman los docentes. Por eso piden anular el acto, «en nombre del laicismo de la ciencia y la cultura». Sobre la frase del Papa ya hay cierto debate, pues podría suceder lo ocurrido con el famoso discurso de Ratisbona, en 2005, que indignó a parte del islam y en el que, curiosamente, Ratzinger defendía la razón contra el fanatismo religioso. Desde la Iglesia se afirma que las palabras sobre Galileo están sacadas de contexto y Radio Vaticana ha tachado la iniciativa de «intento de censura».

 En resumidas cuentas: la culpa es del Papa, por ser un retrógrado, seguir cuestionando el credo dogmático del positivismo, y no tragarse aquello de que la cencia por si sola nos hace “progresar” (como si la bomba atómica no hubiese demostrado lo suficiente…). El problema son las “cosas que ha venido diciendo los últimos años”, es decir, la posición de la Iglesia Católica, inaceptable para la sociedad progre. Dudo que siquieraa hayan leído la Encíclica que citan.

La novedad es que ahora 67 académicos, en una Universidad que es la más grande de Europa y tiene más de 5000, resultan ser un “buen número de profesores”. Esperenme un poco, pronto voy a comentar los argumentos de estos “intelectuales”, pero me falta citar a los alumnos… (esta siempre es la mejor parte)

Los estudiantes, de la llamada ‘Red de autoformación’, exigían garantías a las autoridades de la institución docente para poder manifestarse el jueves contra la visita dentro de la ciudad universitaria, donde se encuentra el Aula Magna, en la que el Papa tenía previsto pronunciar su discurso.

‘Queremos manifestar nuestro disenso y que la ciudad universitaria sea un lugar libre, sin zonas de exclusión’, dijo un portavoz de los jóvenes, que colocaron pancartas en las que se leía ‘La ciencia es laica’, ‘La Sapienza rehén del Papa’, ‘No Papa’ y ‘Benedicto XVI quédate en el Vaticano’.

Ven, como siempre, no decepcionan… quieren una Universidad “sin zonas de exclusión”, sin embargo encuentran legítimo excluir al Papa abiertamente diciéndole “quédate en el Vaticano”. Sin más comentarios. Dan pena. Me gustaría decir que son pobres ignorantes, pero a la vez me dan rabia porque dejan mal parados a los jóvenes.

Ahora vamos a los argumentos de los “sabios”, los “científicos fieles a la razón” que no soportan un debate con una de las personas mas cultas de nuestra época, que han corrompido el cerebro de estos pobres moluscos (si es que aún los tienen, y no se han atrofiado producto de la televisión y el alcohol…) Las críticas de ellos apuntan a una conferencia dada por Ratzinger cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 15 de febrero de 1990, justamente en la Universidad de la Sapienza, titulada “La fe y las convulsiones socio-políticas contemporáneas”.

En esta conferencia, el Papa conmienza analizando porqué se produjo la caída del marxismo, y más allá de las causas económicas o políticas, el Papa sitúa la falla del marxismo en su materialismo dialéctico, es decir, en descartar el factor “espíritu” al momento de hacer política, considerar al hombre sólo un engranaje. Luego se refiere al positivismo, y a la fe ciega en la ciencia, haciendo un paralelo y llegando a conclusiones semejantes, es decir, en oposición a los pensamientos materialistas, se debe reencontrar un Ethos, el hombre no puede renunciar a su espiritualidad. Lo que nos lleva a un resurgir de la fe. La fe como elemento que le otorga sentido al mundo (sentido que por supuesto la ciencia es incapaz de entregar).  Luego de este análisis, el Papa resalta tres aspectos que evidencian un proceso en Occidente que concierne a la fe: la crisis de la fe en la ciencia, la nueva exigencia de espiritualidad y de ética, y la nueva sed de religión.

 Transcribo el primero de estos puntos, donde está la polémica en torno a Galileo, para que cada uno se haga su juicio:

La crisis de la fe en la ciencia

En el último decenio, la resistencia de la creación a ser manipulada por el hombre, se ha coinvertido en un  nuevo componente de la situación espiritual. La pregunta sobre los límites de la ciencia y las medidasa las cuales ésta debe atenberse se ha hecho ineludible. me parece particularmente significativo del cambio en el clima intelectual el giro que se ha producido en el modo de juzgar el caso Galileo.

Este hecho, poco resaltado en el siglo XVII, fue elevado en el siglo siguiente a mito del Iluminismo. Galileo aparecía como la víctima del oscurantismo medieval conservado en la Iglesia. Bien y mal se oponen divididos por un corte tajante. Por una parte encontramos la Inquisición, el poder que encarna la superstición, el adversario de la libertad de conciencia. Por la otra, la ciencia natural, representada por Galileo, como el poder del progreso  y de la liberación del hombre de las cadenas de la ignorancia, que lo mantenían impotente frente a la naturaleza. La estrella de la modernidad brilla en la noche del oscuro medioevo.

Curiosamente Ernst Bloch, con su marxismo romántico, uno de los primeros en oponerse abiertamente a tal mito, y en ofrecer unja nueva interpretación lo ocurrido.

Según Bloch, el sistema heliocéntrico -al igual que el geocéntrico- se funda sobre presupuestos indemostrables. En esta cuestióin desempeña un papel importantísimo la asfirmación de la existencia de un espacio absoluto, cuestión que actualmente la teoría de la relatividad ha desmentido. Éste escribe textualmente: «desde el momento en que, con la abolición del presupuesto de un espacio vacío e inmóvil, no se produce ya movimiento alguno en éste, sino simplemente un movimiento relativo de los cuerpos entre sí, y su determinación depende del cuerpo asumido como en reposo, también se podría, en el caso de que la complejidad de los cálculos resultantes no mostrara a éste como improcedente, tomar, antes o después, la Tierra como estática y el sol como inmóvil»

La ventaja del sistema heliocéntrico con respecto al geocéntrico no consiste entonces en una mayor correspondencia con la verdad objetiva, sino simplemente en una mayor facilidad de cálculo para nosotros. Hasta aquí, Bloch expone sólo una concepción moderna de la ciencia natural. Pero resulta sorprendente la evaluación que nos ofrece de ella: «Tras quedar fuera de toda duda la relatividad del movimiento, un sistema de referencia humano -o un antiguo sistema de referencia cristiano- no tiene derecho alguno de immiscuirse en los cálculos astronómicos ni en sus implicaciones heliocéntricas; sin embargo si tiene el derecho metódico de preservar las relaciones de significación humana en esta Tierra, y de organizar el mundo relación con cuanto ha ocurrido y ocurre sobre la Tierra»

Si aquí ambas esfereas metódicas se reconocen claramente diferenciadas, en sus límites y en sus respectivos derechos, mucho más drástico aparece un juicio sintético del filósofo agnóstico y excéptico P. Feyerabend. Éste escribe: «La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales d ela doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y sólo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión».

Desde el punto de vista d elas consecuencias concretas d ela obra galileana , C. F. von Weizsäcker, por ejemplo, da un paso adelante cuando ve un «camino directísimo» que conduce desde Galileo hasta la bomba atómica. Para mi sorpresa, en una reciente entrevista sobre el caso Galileo, no se me formuló pregunta alguna del tipo: «¿Por qué la Iglesia ha pretendido obstaculizar el desarrollo de las ciencias naturales?», sino precisamente la opuesta: «¿Por qué la Iglesia no ha asumido una posición más clara contra las consecuencias negativas que tendrían que producirse por fuerza una vez que Galileo abrió la “Caja de Pandora”?»

Sería ingenuo construir, sobre lá única base de estas afirmaciones, un apresurada apologética: La fe no crece a aprtir del resentimiento y d ela refutación de la realidad, sino de su afirmación fundamental, y de su inscripción en una racionalidad más amplia. Sobre esto volveremos más adelante. Ahora deseo recordarlo sólo como un caso sintomático que evidencia hasta qué punto el autocuestionamiento de los modernos que abarca también la ciencia y la técnica es profundo.

Como siempre, le Papa demuestra verdadera agudeza intelectual, si se lo compara con los académicos de Opereta con los que nos encontramos a cada minuto. Es incríble que los profesores de Física de tan “prestigiosa Universidad” no reconozcan el pequeño absurdo que hay en torno a esto del heliocentrismo y geocentrismo, tal como está expuesto en el análisis de Bloch (que no del Papa).

Por lo demás,  hasta citar se ha convertido en un crimen, como ya nos había quedado en evidencia con todo esto del discurso en Ratisbona. (Parece que hay ciertas cosas que quieren sacarse de la historia… que nadie haga referencia a ellas para que se olviden, para que así podamos vivr tranquilos en nuestra visión inventada de la sociedad donde socialismo-ciencia-laicicismo son los salvadores del mundo)

El profesor (judío) Giorgio Israel, de la Universidad de la Sapienza, ha salido en defensa del Papa frente a los laicistas hipócritas. En L’Osservatore Romano afirmó:

“Lo que Cini [uno de los intelectuales opuestos a la visita papal] considera ‘peligroso’ es el hecho que el Papa trate de abrir el diálogo entre fe y razón, que restablezca la conexión entre las tradiciones judeo-cristiana y griega, y que afirme que ciencia y fe no están separadas por una pared impenetrable”

“Entonces, la oposición a la visita del Papa –prosigue Israel– no está motivada por un principio abstracto del secularismo. La oposición es de naturaleza ideológica y tiene a Benedicto XVI como objetivo específico por hablar sobre la ciencia y la relación entre ésta y la fe, en vez de limitarse a hablar sobre fe”.

[…]

De acuerdo al matemático, la cita de un científico agnóstico y de otros no fueron usadas por el entonces Cardenal para defender a la Iglesia, sino para “subrayar el punto sobre cómo la modernidad se ha vuelto dubitativa de sí misma así como de la ciencia y la tecnología actuales”. En otras palabras, lo que el Papa dijo en aquella ocasión “era una clara defensa de la racionalidad de Galileo contra el escepticismo y el relativismo de la cultura postmoderna”, añadió.

Para Israel tal “desatenta, superficial y descuidada lectura” de la conferencia del Papa de 1990 debería ser considerada “una vergüenza y un error profesional“.

“Pero temo que aquí el rigor intelectual tenga poco que ver y que la intención es construir una barrera a cualquier costo”, especialmente si se tiene en cuenta que algunos de los firmantes de la carta contra el Papa “nunca han expresado una palabra crítica contra el fundamentalismo islámico o contra quienes niegan la Shoah (holocausto judío)”, continua.

Muy bien dicho, Sr. Israel. Los mismos señores que encantados reciben a Ahmadineyad cuando niega el holocausto. Los mismo piden disculpas por las caricaturas de Mahoma y guardan silencio de la ola de asesinatos que las siguió, y a la vez viven riéndose del cristianismo. Sí, los mismos cobardes. Porque los católicos nunca los han amenazado con degollarlos. Por eso.

No sé si vale la pena seguir comentando los horrores de este laicismo estéril, que ya se niega  a la idea misma de la fe (cristiana, por supuesto, ya que esa es la dominadora, agresiva y culpable de todos los crímenes de la humanidad… el Islam no lo toque mejor, mire que podría arruinar el multiculturalismo) y que no soporta llevar un debate. Pero es una evidencia más de que la Razón está en crisis.

Los escrúpulos de la civilización…

   Estoy leyendo “Estados Unidos. la historia” del británico Paul Johnson. En el episodio referido a la guerra de Vietnam, hay un pasaje que dice mucho sobre la situación actual, y que ahora transcribo:

«[En Vietnam] desde el comienzo hasta el final, los bombardeos [estadounidenses] estuvieron limitados por restricciones sobre la cantidad, los blancos y la oportunidades que eran totalmente políticas y que tenían poca relación con la táctica y la estrategia. A diferencia de los norteamericanos, los dirigentes de Vietnam del Norte nunca cejaron en su determinación de conseguir su claro objetivo político -la dominación total de todo el país- a cualquier coste. No parecen haber sido influidos en lo más mínimo por las bajas que sus súbditos sufrían o causaban.

   Todo esto no sirvió para nada. La experiencia del s XX demuestra que los límites autoimpuestos de una potencia civilizada son, más que inútiles, contraproducentes. Son considerados, tanto por los amigos como por los enemigos, no como evidencia de humanidad sino de culpa y de falta de conviccion moral»

   No se porqué esto me suena a dhimmitude, a islamización, a Al Qaeda, a Eurabia… Son las mismas reacciones tímidas ante un enemigo que no tiene escrúpulo alguno, cuya valoración de la vida humana es nula, y que se aprovechan de la “humanidad” de occidente.

   Por supuesto que el problema es muy serio: nos pone en la encrucijada de combatir al enemigo a costa de perder parte de nuestra identidad. A tener que cuestionar la validez universal de nuestros principios, y su utilidad en la vida práctica.

   Es un problema que queda abierto para que lo reflexione cada cual.