Sobre el maltrato animal…

Los invito a leer un interesante artículo de mi amiga Lorena:

El Alma en la Pluma Virtual – Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales (Mahatma Gandhi)

Trata sobre el terrible  hallazgo efectuado en la “Sociedad Protectora de Animales”, que resultó ser lo más opuesta posible a su nombre. Las imágenes hablan por si solas:

“Una historia de amor y oscuridad” (3)

Concluyo con este fragmento la serie de entradas dedicadas a este libro, al menos por ahora:

Detrás de los cipreses, detrás de la tapia de los Lemberg, han encendido de pronto la luz y desde aquí, desde esta posición, no se ve bien quien está la habitación, la  señora Lemberg, Shula o Eva, quien encendió la luz, pero se ve la corriente amarilla derramarse hacia fuera como un flujo de pegamento tan espeso que le cuesta derramarse, que le cuesta moverse de lo espeso que es, que con gran dificultad traza un camino perezoso, un camino de líquido viscoso, amarillo, turbio y lento que avanza como un denso lubricante a través de la tarde, azul grisácea ya, y al que el viento lame por un instante. Y cincuenta y cinco años después, sentado y escribiendo acerca de aquella tarde el cuaderno, en la mesa del jardín de Arad, vuelve exactamente el mismo viento y de la ventana de los vecinos también aquí, esta tarde, sale un líquido amarillento de corriente eléctrica, espesa y perezosa como un viscoso lubricante conocido, conocido desde hace tiempo, parece que no hay sorpresas. Pero sí las hay. La tarde de la piedra en la boca en el patio de Jerusalén no ha venido a Arad para hacer recordar lo olvidado o para traer la emoción de la nostalgia, sino todo lo contrario: aquella tarde ha descendido para atacar a ésta. Es como una mujer que conociste hace tiempo, que ya no te hace ni fu ni fa, que siempre que os encontráis te dice más o menos lo mismo y que siempre te regala una sonrisa o como mucho te da las habituales palmaditas en el pecho, pero en esta ocasión, sorprendentemente, no, esta vez no, de repente alarga el brazo y te toca y te agarra de la camisa no de una forma delicada sino con las uñas con deseo y desesperación con los ojos cerrados con fuerza con un gesto como de dolor en la cara insiste no puede evitarlo no cede y ya no le importas y le da igual lo que te pase, si quieres o no quieres no le importa ahora no puede evitarlo ahora no puede más ahora alarga el brazo y su mano se clava en ti como un arpón de pescar y comienza a tirar y tira y te desgarra pero no es ella la que comienza a tirar ella sólo te clava las uñas y tú eres quien tira y escribe tira y escribe como un delfín que tiene la punta del arpón clavada en la carne y tira con todas sus fuerzas para escapar y tira y arrastra con fuerza el arpón y arrastra también el reflector unido a la cuerda y arrastra también la barca de sus perseguidores a la que reflector está atornillado, tira y avanza, tira para escapar, tira y se revuelve en el agua, tira y se sumerge en las negras profundidades, tira y escribe y sigue tirando, si tira una sola vez más con toda la fuerza de su desesperación puede que se libere de lo que tienen clavado en la carne de lo que te desgarra y te traspasa y no cede, tiras y eso te desgarra la carne, tiras otra vez y eso se clava más y más nunca podrá pagar con el mismo dolor a ese infortunio que va hundiéndose e hiriendo pues él es quien atrapa y tú el atrapado él es el arponero y tú el delfín que él es quien da y tú quien toma él es aquella tarde en Jerusalén y tú estás en la tarde de ahora en Arad. Él es tus padres muertos tú tiras y escribes.

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Un poco de humor "en dosis diarias"

Hace poco descubrí una página, www.dosisdiarias.com, del dibujante Alberto Montt. En este sitio, él publica periódicamente chistes gráficos, algunos de los cuales me han hecho reír bastante. Adjunto aquí algunos, pero realmente les aconsejo entrar al sitio, porque hay cientos:

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«Porque Escribí»

de Enrique Lihn enriquelihn2

Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
-¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria?-

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Falibilismo de Popper

Un pequeño extracto de Popper… lo dejo aquí como un argumento más contra el relativismo: incluso si ponemos en duda todo el conocimiento, esto no implica abandonar la idea de verdad.

“Por falibilismo entiendo aquí la idea, o la aceptación del hecho, de que podemos equivocarnos, y de que la búsqueda de la certeza (e incluso la búsqueda de una alta probabilidad) es una búsqueda equivocada. Pero esto no implica que la búsqueda de la verdad sea una equivocación. Por el contrario, la idea de error implica la de verdad como el patrón que puede no ser alcanzado. Implica que, si bien podemos buscar la verdad, e incluso podemos encontrarla (como me parece que lo hacemos en muchos casos), nunca podemos estar bien seguros de haberla encontrado. Siempre cabe el error, aunque en el caso de algunas pruebas lógicas y matemáticas esa posibilidad pueda ser considerada como pequeña. Pero el falibilismo no tiene en absoluto por qué dar lugar a conclusiones escépticas o relativistas. Esto se hace patente si consideramos que todos los ejemplos históricos conocidos de falibilidad humana -incluyendo todos los ejemplos conocidos de equivocaciones en la justicia- son ejemplos del avance de nuestro conocimiento. Cada descubrimiento de una equivocación constituye un avance real en nuestro conocimiento… Por tanto, podemos aprender de nuestros errores. Esta perspectiva fundamental es, en realidad, la base de toda la epistemología y la metodología… “

 [Popper, K. R. [1961], “Facts, Standards, and Truth: A Further Criticism of Relativism”, en: The Open Society and Its Enemies, Routledge, London 1977, Addenda, I, pp. 375-376, sacado de aquí]

"La hegemonía intelectual de la izquierda progresista"

Es el título de uno de los artículos del pensador inglés Roger Scruton. Les recomiendo su lectura (es un tema digno de análisis). Lo saqué de aquí.

Copio una parte:

La hegemonía, en el mundo de la cultura, sigue en manos de una izquierda intelectual y progresista. Su influjo se extiende incluso a buena parte del clero. ¿Cómo explicar este fenómeno? ¿Qué define el pensamiento del progresismo de izquierda?

Por cierto, etiquetas como “izquierda” y “derecha” no son muy precisas y su interpretación siempre depende del contexto. Es particularmente difícil ver qué es lo que significan en Estados Unidos, donde la persona que nosotros aquí en Gran Bretaña describiríamos como “izquierdista”, normalmente es llamada “liberal”. No obstante, puedo trazar un rápido esbozo de lo que entiendo por ideas de “izquierda”, que bastará para identificar la mentalidad que ellas expresan:

  • Una creencia fundamental en la igualdad humana, acompañada de una hostilidad a toda distinción, ya sea de clase, raza o género.
  • Desconfianza del “poder” y falta de convicción en que el poder que nos rodea pueda ser legítimo, aun cuando esté en manos de otros y no en las propias.
  • Hostilidad hacia todo lo que confiere poder, especialmente hacia las empresas, los negocios y el mercado.
  • Un enfoque “crítico” de la sociedad donde “el poder” y el “conflicto” se perciben y se desenmascaran en todas partes.
  • Identificación paradójica con los enemigos externos del poder, especialmente con aquellos Estados que representan una amenaza a la seguridad de las naciones occidentales.
  • Disposición a creer en la buena fe de aquellos que hablan el idioma de la “liberación” y la “lucha”.
  • Sentimiento de culpabilidad por su país y por su pasado -la actitud descrita en Norteamérica como la “postración liberal”, que es una especie de vergüenza de sus propios antepasados, por haber creído en su propia superioridad y por haberse hecho superiores gracias a esa fe.
  • Antipatriotismo, por lo general acompañado de una burla de los sentimientos patrióticos, o una guerra abierta contra estos sentimientos por considerarlos formas de “militarismo”.

Esas ideas y actitudes forman un nexo coherente y exigen una sola explicación, una explicación de por qué el “intelectual pensante” tiende a repudiar ese mismo orden social que le brinda tiempo libre para pensar, para enseñar y para incitar al cambio. No es necesario tomar partido en el conflicto ideológico subyacente para darse cuenta de que dicha explicación debe darse pronto. En los días del maccartismo, no era de extrañar que las universidades, los colegios y las publicaciones tendieran a manifestar los mismos temores y fanatismos del mundo que los rodeaba; esto no requiere de ninguna explicación en especial. Pero cuando en el mundo intelectual surge un consenso de izquierda aparentemente inamovible, en el preciso momento en que la mayoría de la gente está dándole la espalda a las formas de pensar izquierdistas, nos enfrentamos a un hecho interesante y en ciertos sentidos sorprendente. Por primera vez en nuestra historia descubrimos una hegemonía intelectual de la izquierda progresista a escala completa, en el preciso momento en que el tan buscado apoyo del electorado de izquierda -el proletariado industrial- ha terminado por desaparecer, no sólo del mundo real sino de la imaginación popular también.

Más adelante dice:

Se repudia el lenguaje mismo de la literatura tradicional, debido a sus supuestos “patriarcales” o “autoritarios”, y los textos no se estudian tanto por lo que dicen como por lo que está implícito en el hecho de decirlo. La comprensión y la afinidad dan paso a lo que Paul Ricoeur ha llamado la “hermenéutica de la sospecha”: la persecución obsesiva del “poder” y la “opresión” que se ocultan en el discurso tradicional. Como resultado de estas dos prácticas, las humanidades quedan abiertas a una absoluta politización, y la intelectualidad de la izquierda progresista controla el currículum, el método y la ideología de estudio.

   Lamentablemente, la educación está totalmente politizada (aunque quizás es imposible que esto no sea así). Pero otra cosa es no reconocerlo.

El Barco Ebrio

De Arthur Rimbaud. (Sacado de aquí.) Rimbaud_par_Verlaine1

Mientras descendía por Ríos impasibles,
Sentí que los remolcadores dejaban de guiarme:
Los Pieles Rojas gritones los tomaron por blancos,
Clavándolos desnudos en postes de colores.

No me importaba el cargamento,
Fuera trigo flamenco o algodón inglés.
Cuando terminó el lío de los remolcadores,
Los Ríos me dejaron descender donde quisiera.

En los furiosos chapoteos de las mareas,
Yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños,
¡Corrí! Y las Penínsulas desamarradas
Jamás han tolerado juicio más triunfal.

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos.
Más liviano que un corcho dancé sobre las olas
Llamadas eternas arrolladoras de víctimas,
¡Diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros!

Más dulce que a los niños las manzanas ácidas,
El agua verde penetró mi casco de abeto
Y las manchas de vinos azules y de vómitos
Me lavó, dispersando mi timón y mi ancla.

Y desde entonces, me bañé en el Poema
De la Mar, lleno de estrellas, y latescente,
Devorando los azules verdosos; donde, flotando
Pálido y satisfecho, un ahogado pensativo desciende;

¡Donde, tiñiendo de un golpe las azulidades, delirios
Y ritmos lentos bajo los destellos del día,
Más fuertes que el alcohol, más amplios que nuestras liras,
Fermentaban las amargas rojeces del amor!

Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas
Y de las resacas y de las corrientes:
¡Yo sé de la tarde, Del Alba exaltada como un pueblo de palomas,
Y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver!

¡Yo he visto el sol caído, manchado de místicos horrores.
Iluminando los largos flecos violetas,
Parecidas a los actores de dramas muy antiguos
Las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré!

¡Yo soñé la noche verde de las nieves deslumbrantes,
Besos que suben de los ojos de los mares con lentitud,
La circulación de las savias inauditas,
Y el despertar amarillo y azul de los fósforos cantores!

¡Yo seguí, durante meses, imitando a los ganados
Enloquecidos, las olas en el asalto de los arrecifes,
Sin pensar que los pies luminosos de las Marías
Pudiesen frenar el morro de los Océanos asmáticos!

¡Yo embestí, sabed, las increíbles Floridas
Mezclando las flores de los ojos de las panteras con la piel
De los hombres! ¡Los arcos iris tendidos como riendas
Bajo el horizonte de los mares, en los glaucos rebaños!

¡Yo he visto fermentar los enormes pantanos, trampas
En las que se pudre en los juncos todo un Leviatán;
Los derrumbes de las aguas en medio de la calma,
Y las lejanías abismales caer en cataratas!

¡Glaciares, soles de plata, olas perladas, cielos de brasas!
Naufragios odiosos en el fondo de golfos oscuros
Donde serpientes gigantes devoradas por alimañas
Caen, de los árboles torcidos, con negros perfumes!

Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados
De la ola azul, los peces de oro, los peces cantores.
-Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos
Y vientos inefables me dieron sus alas por un momento.

A veces, mártir cansada de polos y de zonas,
La Mar cuyo sollozo hizo mi balanceo más dulce
Elevó hacia mí sus flores de sombra de ventosas amarillas
Y yo permanecía, al igual que una mujer, de rodillas…

Casi isla, quitando de mis bordas las querellas
Y los excrementos de los pájaros cantores de ojos rubios.
¡Y yo bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes
Los ahogados descendían a dormir, reculando!

O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,
Arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros,
Yo, a quien los Monitores y los veleros del Hansa
No hubieran salvado la carcasa borracha de agua;

Libre, humeante, montado de brumas violetas,
Yo, que agujereaba el cielo rojeante como una pared
Que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas,
Líquenes de sol y flemas de azur;

Yo que corría, manchado de lúnulas eléctricas,
Tabla loca, escoltada por hipocampos negros,
Cuando los julios hacían caer a golpes de bastón
Los cielos ultramarinos de las ardientes tolvas;

¡Yo que temblaba, sintiendo gemir a cincuenta leguas
El celo de los Behemots y los Maelstroms espesos,
Eterno hilandero de las inmovilidades azules,
Yo extraño la Europa de los viejos parapetos!

¡Yo he visto los archipiélagos siderales! y las islas
Donde los cielos delirantes están abiertos al viajero:
-¿Es en estas noches sin fondo en las que te duermes y te exilas,
Millón de pájaros de oro, oh Vigor futuro?

¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras.
Toda luna es atroz y todo sol amargo:
El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!

Si yo deseo un agua de Europa, es el charco
Negro y frío donde, en el crepúsculo embalsamado
Un niño en cuclillas colmado de tristezas, suelta
Un barco frágil como una mariposa de mayo.

Yo no puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,
Arrancar su estela a los portadores de algodones,
Ni atravesar el orgullo de las banderas y estandartes,
Ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones.